Se acerca el verano, tiempo de playa, de piscina y de que nuestra piel pase muchas horas al sol. Una práctica que algunos adoptan como costumbre diaria para obtener esa ansiada tonalidad dorada que las modas han impuesto. Y que, más allá de cambiar nuestro aspecto, puede tener peores consecuencias, puesto que los rayos ultravioletas (UVA y UVB) no solo son los responsables de nuestro bronceado, también pueden dar pie a cambios celulares que predisponen al cáncer.

En la piel, este tipo de radiaciones pueden producir mutaciones en el material genético de las células que la componen, dando pie, por ejemplo, a un melanoma o a un carcinoma cutáneo, dos de los casos más habituales en esta rama oncológica. Por eso es muy necesario protegernos y exponernos lo menos posible a los rayos directos del sol, especialmente entre las 10:00 y las 16:00 horas, la franja horaria más perjudicial y con mayor carga de radiaciones ultravioletas.

En pieles normales es aconsejable ir acostumbrando poco a poco a nuestra dermis, aumentando en 10 minutos diarios esa exposición. Y llevando siempre crema de protección solar, cuanto más elevada mejor, especialmente en los niños y en aquellas personas con salud delicada y pieles sensibles. Debe aplicarse una media hora antes de comenzar a tomar el sol y repetir el proceso frecuentemente, sobre todo después del baño.

También es recomendable usar complementos protectores: sombreros y gorras para nuestra cabeza; gafas de sol para el sensible contorno de los ojos; y prendas ligeras que eviten la recepción directa de las perjudiciales radiaciones. Por otra parte, es aconsejable llevar una alimentación adecuada que nos ayude a paliar los efectos negativos del astro rey: los vegetales verdes y los alimentos ricos en vitamina C no deben faltar en nuestra dieta veraniega.

¿Cuándo debo consultar con el especialista?

Las variedades oncológicas de la piel se manifiestan de formas muy diversas, aunque una mancha, costra o úlcera espontánea, o el crecimiento de lunares debe alertarnos. Como bien nos recuerda la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), los melanomas suelen presentar unas lesiones muy características conocidas por la regla del A, B, C, D, E: Asimetría, Bordes irregulares, Color variado, Diámetro mayor de seis milímetros y Evolución con cambio de aspecto.

Si detectamos cualquier lesión con alguna de estas características es importante que acudamos a nuestro dermatólogo a la mayor brevedad, sobre todo porque un diagnóstico precoz es decisivo para curar este tipo de cáncer. Es importante que estemos atentos a cualquier alteración que se produzca en nuestra piel, autoexplorarnos no sólo controlando el tamaño de nuestros habituales lunares, sino también buscando otras irregularidades.

Por ejemplo, en el caso de los carcinomas, suelen aparecer manchas rojizas que pueden descamarse y sangrar; nódulos prominentes y redondeados; y úlceras que no cicatrizan. Esta variedad de cáncer de piel suele ser una de las más frecuentes del ser humano, que hace su aparición normalmente a partir de los 50 años en personas que trabajan expuestas al sol (trabajadores del campo, de la construcción, pescadores…). Las lesiones suelen localizarse en cara, cuello y manos.

Por su parte, el melanoma tiene una enorme relación con esa costumbre que adoptamos en verano de tomar el sol de forma excesiva para ponernos morenos. Las células afectadas son los melanocitos o células productoras de la melanina, que da el color a la piel. Las radiaciones solares pueden alterar su ADN y hacer que comiencen a dividirse y a crecer de forma descontrolada.

Suelen desarrollarse en personas de piel y ojos claros con dificultad para broncearse y que han sufrido quemaduras solares especialmente en la infancia y la adolescencia. Además, el riesgo a padecerlo crece en edades avanzadas. También si existen antecedentes familiares de este tipo de tumor; si tiene un gran número de lunares, superior a 50; o si padece xeroderma pigmentoso, una enfermedad hereditaria que afecta la capacidad de las células de la piel de reparar el daño causado a su ADN.

En definitiva, es tremendamente importante que evitemos las radiaciones solares siempre que podamos y que tomemos las medidas de prevención adecuadas, tanto para nosotros como para aquellos que estén bajo nuestro cuidado, sean mayores o pequeños. Nos jugamos la salud de nuestra piel.

Adriana Terrádez es la directora de OncoDNA para España y Portugal (antes BioSequence), es una emprendedora nata y la pionera en España de la introducción de herramientas de diagnóstico genómico avanzado para el tratamiento personalizado de los pacientes con cáncer.