Seguro que has oído hablar de ella. La copa menstrual es un pequeño receptáculo que se introduce en el interior de la vagina para recoger el flujo del ciclo menstrual. Al cabo de las horas, se extrae, se vacía, se limpia y puede reutilizarse sin problemas.

Sus primeras usuarias eran hippies comprometidas con el medio ambiente. Pero en unos años su uso se ha extendido a mujeres de todas las clases sociales y edades.

Ahora que ya nos hemos reconciliado con nuestra menstruación, preguntamos a varias expertas sobre sus ventajas e inconvenientes frente otros útiles, como los tampones o las compresas.

 

¿Cómo se ponen?

Su utilización es similar a la de un tampón: se dobla, se introduce con los dedos en la vagina, se extrae al cabo de unas horas, se vacía en el WC y se limpia con agua potable. Una vez limpia, se vuelve a introducir y así hasta acabar el ciclo.

«Al igual que los tampones, en algunas chicas que no hayan mantenido relaciones sexuales puede resultar algo más complicado, pero sigue siendo posible», explica la doctora Mariella Lilue, ginecóloga en Instituto Palacios, Salud y Medicina de la Mujer. Recientemente se lanzó al mercado Enna Cycle con aplicador para no tener que usar los dedos.
 

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¿Y si no hay WC?

Este es el mayor escollo y lo que frena a muchas mujeres a la hora de pasarse a la copa. «En un día de excursión por la montaña debemos llevar una botella de agua para enjuagarla. O llevar otra de repuesto. El acto de limpiarla puede resultar incómodo fuera de la intimidad que ofrece el lavabo de señoras. Algo similar sucede cuando viajamos a destinos sin demasiada salubridad».  


¿Me puedo manchar?

Hasta que se le pilla el tranquillo a ponerla y quitarla, es frecuente que se derrame alguna gota de sangre. Bien puesta no suele haber fugas. «Sangramos bastante menos de lo que creemos al ver una compresa o tampón usados».


¿Dónde se guarda?

Jamás en un recipiente de plástico, para no dañar la silicona. Siempre en un bolsito de tela o silicona. Y hay que hervirla al terminar el ciclo. Algunas son ya plegables y se guardan cómodamente en una cajita que no abulta más que un pastillero.
 

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¿Qué tiene que ver el planeta?

Se calcula que una mujer utiliza 11.000 productos desechables de este tipo para el periodo a lo largo de su vida. Sumando los de todas las mujeres del mundo suponen varias toneladas de algodón y plástico que van a parar a los vertederos cada año. «La copa es reutilizable. Los fabricantes suelen garantizar su uso hasta por 10 años. Esto supone un enorme ahorro en residuos. Por eso sus primeras usuarias eran mujeres preocupadas por el medio ambiente».


¿Y el precio?

Cada copa cuesta entre 20 y 30 euros. Parece mucho, pero no lo es si se tiene en cuenta que «una mujer gasta al año de media unos 50 euros en productos dirigidos para protegerse del periodo. Con la copa menstrual, teniendo en cuenta su larga duración, se gasta de media unos 2 euros al año», asegura María Esclapez, psicóloga especializada en sexología y asesora de Intimina, fabricante de Lily Cup.


¿Se nota?

«Muchas pacientes cuentan que con la copa se reduce la sensación de cuerpo extraño que pueden tener con un tampón», apunta la doctora Lilue. Al no tener hilo, desaparece el temor de que ‘asome’ el cordón con el biquini. Tampoco estorba para el sexo oral ni para los previos ni genera mal olor. «Los fabricantes señalan que puede tenerse puesta hasta doce horas, pero todo va en función de la cantidad de flujo de cada mujer».  
 

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¿Y de cara a la salud femenina?

«Se fabrican con silicona médica. Este material es hipoalergénico y de grado médico, que impide que los gérmenes proliferen. Además, respeta la flora vaginal. A diferencia de los tampones, no hay riesgo del Síndrome de Shock Tóxico, un problema muy raro, pero grave que se asocia al uso de tampones.

Con respecto a las compresas, al no tener esa humedad en la vulva se reduce el riesgo de candidiasis, cistitis o vaginosis bacteriana. Como se fabrican en material no poroso ni absorbente no reseca ni irrita ni a nivel de la vulva ni las paredes vaginales”.  


¿Hay tamaños?

«Sí. Uno más pequeño para mujeres que no han tenido hijos o que los han tenido por cesárea. Y otro mayor para las que los tuvieron por parto vaginal o que tienen laxitud en las paredes vaginales». Por cierto, es bastante improbable que se desplome una vez colocada. Los músculos vaginales se encargan de sostenerla igual que sucede con los tampones.