Sabes bien que el ejercicio es carburante para tu salud física y emocional. Sin embargo, hay momentos o situaciones en los que, por muy colgada que estés del deporte, la decisión más inteligente que puedes tomar es aminorar el ritmo de entreno y optar por no hacer ejercicio. Un caso común: cuando tu cuerpo te avisa con síntomas de que estás sobreentrenando.

Además, debes priorizar determinadas situaciones o atender a ciertas dolencias antes que a la práctica de ejercicio físico. Estas son las mejores excusas –justificadas– para escaquearse del gym.

1. Has dormido mal. Por muy incondicional que seas de la fiebre morningophile, no antepongas las ansias de calzarte las deportivas a primera hora de la mañana a garantizar entre 7 y 9 horas de sueño. Aplica la misma norma si has ido arrastrando el cansancio todo el día y dudas si te conviene o no el ejercicio. Practicar deporte sin haber dormido bien te sobrecargará, acrecentará la fatiga y puede exponerte a sufrir lesiones. 

2. Padeces dolor intenso en la zona lumbar. La lumbalgia es un trastorno común, en el que influye mucho la tendencia general a sentarse, caminar y estar de pie en posturas inadecuadas. Aunque superarla pasa por la práctica de ejercicio físico, cuando el malestar es fuerte es mejor que optes por hacer reposo para que no vaya a más. Tras recuperarte, evita siempre deportes como el running y adéntrate en el power walking, ya que el primero –así como todas las disciplinas que implican correr o saltar– supone un mayor impacto para las articulaciones que puede empeorar las molestias.

3. Has tomado alcohol. Se desaconseja beber alcohol tanto antes como después del ejercicio físico. Combinar los dos hábitos perjudica la síntesis de las proteínas que intervienen en el aumento y la reparación muscular después de la actividad, según investigaciones de la Australian Catholic University.

4. Te han propuesto un buen plan. Puede que tengas una disciplina militar a la hora de ir al gimnasio. Y está muy bien que te desmarques de la masa popular que regala la cuota. Pero equilibra los momentos que dedicas al deporte y a socializar. Si te lo planteas, tu escala de prioridades seguro que está encabezada con el propósito de dedicar tiempo a los que te importan.

5. Estás lesionada o tienes una herida. Una fractura, contractura o un simple corte pueden tardar en curarse o cicatrizar bien si ejercitas las partes del cuerpo en las que han aparecido estas molestias. Abandona el afán por entrenar si no quieres que éstas empeoren.

6. Tu nariz, ojos o fosas nasales están inflamados. Si has contraído una otitis, sinusitis o conjuntivitis debes evitar nadar o practicar deportes como el aquagym. El agua es uno de los factores que puede favorecer que aparezcan infecciones como estas en la piel y las mucosas.

7. Tienes fiebre. Un temperatura alta de tu cuerpo, significa que este está luchando contra alguna infección y por lo tanto no conviene que tu cuerpo realice otra actividad que le pueda empeorar o no recuperarse de la mejor manera. Aunque el ejercicio físico mejore el sistema inmunológico, cuando tienes fiebre es mejor quedarse en casa y no poner en riesgo que tu cuerpo se deshidrate o haga esfuerzos inecesarios. 

8. Durante el embarazo. El ejercicio físico es aconsejable en el embarazo siempre que se realizara con anterioridad y la condición física pre embarazo fuera buena. Para el resto de los mortales, el ejercicio a ritmo alto es totalmente desaconsejable para las mujeres que esperan un bebé. Aún así, existen otro tipo de actividades aptas para todas las embarazadas, mucho más suaves como pilates, yoga o ir a caminar. Aunque en todo momento hay que vigilar el exceso de ejercicio y cansancio en esta etapa de la vida de una mujer. 

9. Después de sufrir una contusión cerebral.  Una contusión de este tipo es una herida en el cerebro, que puede ser más o menos grave, aún así no debes realizar ejercicio físico hasta que tu médico te lo permita, de lo contrario esa lesión o herida interna puede empeorar.