En Objetivo Bienestar creemos que un relato que conduzca a una buena reflexión es el medio perfecto para gustar de una lectura fresca y ligera pero con la capacidad de aportarte plenitud y algo de alegría. Disfruta con nuestros cuentos para reflexionar.

Este segundo es sobre el perdón, extraído de Aquello que solo ves al detenerte, de Haenim Sunim. 
 

El viaje del perdón


La persona que te traicionó y se marchó, la persona que te robó y desapareció, la persona que te apuñaló por la espalda y actuó como si nada hubiera pasado: perdónalos. No por ellos, sino por ti misma; hazlo de verdad, y totalmente por ti misma. No poque merezcan tu perdón; no porque sean solo humanos. Perdónalos. Así serás libre. Así serás feliz. Así podrás seguir viviendo tu vida.

No será fácil y puede parecer injusto. Puede recorrerte un repentino torrente de ira. Por tu rostro caerán lágrimas de amargura. Deja que afloren estos sentimientos, deja que se manifiesten. Trátalos amablemente, con tu corazón compasivo.

Después de atender a tus lágrimas, pregúntate con amabilidad: ¿quiero seguir alimentando este resentimiento en mi corazón?, ¿quiero vivir siempre sintiéndome una víctima? Cuando te sientas lista, reúne valor y recompón tu actitud. Aunque tu corazón no escuche la decisión de tu mente, muéstrate determinado a perdonar y liberarte de esa atadura emocional.

 A continuación, revisa tus sentimientos de ira y amargura. Concédeles pleno permiso para expresarse. ¿Cómo se manifiestan esas emociones en tu cuerpo? ¿Se traducen en músculos tensos, taquicardia, rubor? ¿Aparecen en forma de respiración entrecortada, como una presión en el pecho? Deja que las olas de las sensaciones emerjan y retrocedan. Atiende a las sensaciones que te recorren.

Cuando las olas se calmen un poco, observa atentamente y descubre qué hay debajo. ¿Hay muchas emociones ocultas bajo la ira y la amargura? ¿Descubres miedo, vergüenza, dolor? ¿Hay soledad e inseguridad? En lugar de ahogarte en ellas, obsérvalas.

A medida que tu corazón sea más amable y esté más abierto, dirige tu atención al agresor. ¿Puedes mirar bajo la máscara de esa persona y descubrir lo que se oculta tras esa violencia y falsedad? ¿Puedes sentir tu miedo, inseguridad e indignidad? ¿Puedes sentir soledad o vergüenza bajo la superficie? En lugar de rendirte a ellas, obsérvalas con compasión.

En nuestro interior hay una escarpada montaña de miedo y un profundo río de aflicción. Pero también hay un ojo compasivo que observa tu paisaje interior. Encuentra tu testigo interior, la fuente de libertad y curación.