En Objetivo Bienestar creemos que un relato que conduzca a una buena reflexión es el medio perfecto para gustar de una lectura fresca y ligera pero con la capacidad de aportarte plenitud y algo de alegría. Disfruta con nuestros cuentos para reflexionar.

Este relato es sobre el uso de la palabra y su relación con la plenitud, extraído de El pequeño libro de la felicidad de Ángel Rielo.

 

Las cosas que (me) digo

Usar la palabra de forma impecable es uno de los principios universales de la feliciología. La magia de la comunicación puede volverse negra si no se usa adecuadamente. El don de la palabra se nos ha concedido a los humanos, y bueno… también a algunos pájaros, perros y gatos (en el caso de estos dos últimos puede parecer que es coña pero lo he visto en YouTube. Sí que es verdad que no dicen mucho, pero algo charlan).

Con este don podemos comunicarnos, pero también hacernos y hacer daño. Es muy importante que la palabra sea usada con cuidado y mucho amor.

Seguro que recuerdas a algún profesor, algún familiar, algún amigo, gente que te hablaba o te habla de un modo despectivo, cruel, desagradable.

Hay gente que no mide, que no empatiza, y por tanto esputa su ira contra ti sin medida. Hay que saber frenarlos sin reaccionar porque de lo contrario nos pondremos a su altura, y entonces ya serán dos seres desquiciados los que estén relacionándose.

Tanto si hablas con alguien como en lo que te dices a ti mismo debes ser cauto y prudente. Lo que digas a los demás puede herirles, básicamente por cómo se lo digas, y lo que te digas a ti misma puede marcarte, porque al hacerlo lo haces real y sucederá.