La frecuencia óptima de lavado es cada dos días aproximadamente si no se expone a mucha suciedad o se va al gimnasio y se agrede con el cloro de la piscina. Si se opta por un lavado diario, es conveniente darle unos cuidados adicionales con tratamientos naturales que no contengan sustancias que puedan dañar tanto el cuero cabelludo como el capilar.

Por ejemplo, escoger productos adecuados para el lavado diario que pueden ser champús suaves o sin sustancias químicas que no lo dañen, ni eliminen el sebo capilar que lo mantiene unido al cuero cabelludo además de hidratado. También se recomienda la aplicación de tratamientos naturales que lo nutran.

Por otro lado, a la hora de lavarse, conviene no restregar, sino dar un suave masaje en el cuero cabelludo. Con ello se mejorará la circulación de la sangre, que aportará más nutrientes al folículo piloso y con ello se favorecerá el crecimiento y se evitará la caída.

El secado del cabello es otro ritual que debe hacerse con precaución. Por ejemplo, el hábito extendido de enrollar el pelo mojado con una toalla puede dañar su cutícula. Sécalo en cambio con una de tacto suave. Y en la medida de lo posible, evita el secador ya que pueden encrespar y resecar el cabello.

Recuerda, por último, que los champús son cosméticos con ingredientes químicos que le dan el olor, la textura y las características que nos gustan pero que quizá no son las más apropiadas. Se puede optar de vez en cuando por otros productos como el jabón de Alepo o el aceite de Monoï, que hidratan y nutren en profundidad.