Cuando se trata del amor y de la vida en pareja, no solo creemos saberlo todo, sino que además presentamos una extraña seguridad sobre cómo tienen y cómo no tienen que ser las cosas. Consideramos que con nuestra experiencia podemos solucionar los problemas, poner fin a las discusiones de la mejor manera y cuidar la relación como Dios manda, pero ¿realmente llevamos bien nuestras relaciones?

En el amor y en la guerra todo vale, o eso dicen. Pero si echamos la vista atrás y consideramos todas las relaciones fallidas que conocemos, nuestras o de nuestros amigos y familiares, ¿qué fallo? ¿No eran el uno para el otro o dejaron morir un amor que en algún momento sí estuvo sano? ¿El destino quiso que siguieran sus caminos por separado o el cúmulo de errores les obligó a separarse?

Tú respuesta a estas preguntas dependerá de cómo creas que funciona la vida, de si crees en la casualidad o en la causalidad. Muchos de nosotros pensamos que Dios nos pone en el camino exactamente a las personas que necesitamos, –entendiendo por Dios lo que cada uno de nosotros considere–, y que las aparta cuando ya hemos aprendido aquello que teníamos que aprender. Si esto fuera así, ¿de qué sirve que cuide una relación? Si la vida me apartará de esa persona cuando ya no me aporte nada, ¿para qué voy a esforzarme en mantener la relación sana y fuerte? ¿No será el destino quién decida cuando el amor se reavive o finalmente muera?

Por otro lado, claro está, hay personas que sí consideran tener las riendas de su destino en sus manos y creen que serán sus actos los que determinen su futuro y también la duración de su matrimonio.

Personalmente, me encuentro a caballo entre un grupo y otro. Creo firmemente que cada acción que llevamos a cabo determina cómo será nuestro futuro; pero no creo que nuestro futuro esté 100% en nuestras manos humanas e imperfectas. El amor es una energía divina y, como tal, además de nuestro abono, requiere también de la complicidad algo o alguien más. ¡Allá cada uno con sus creencias! ¿No?

En cualquier caso, ninguna de nosotras puede estar segura de que su relación de pareja dependa de algo concreto. Tanto aquella que se esfuerza por su matrimonio, podrá ver cómo este termina antes de lo que espera y aquella que confía en que Dios lo guardará, verá su relación en jaque por no haber cuidado su actitud. Son tantos los factores, terrenales y espirituales, que influyen en que una relación de pareja marche bien que, pensemos cómo pensemos, siempre conviene hacer todo cuanto esté en nuestra mano para mantener el amor, la armonía y la pasión, o para recuperarlas.

Vamos a sincerarnos, la duración de una relación no está al 100% en nuestras vamos, porque de hecho también está en manos de nuestra pareja, ¡pero podemos hacer mucho por nutrirla!

Con el ánimo de ofrecer ideas para nutrir nuestra relación, he preparado este decálogo que no conlleva grandes esfuerzos, ni gastos, ni cambios: únicamente requiere que estés dispuesta a darle un repaso a tu actitud ante tu pareja.

 

mantener una relación sana

 

¡Empecemos!

1. No des por hecho que tu pareja estará ahí siempre. ¿Cómo que no? No. ¿Y a donde se va a ir? A ningún lado. Créeme que no es necesario que una relación se rompa, para que cada integrante esté haciendo su vida totalmente independiente del otro. Dar por sentada la existencia de la relación es uno de los primeros peldaños que se suben en la escalera hacia la ruptura.

Tomar consciencia de que la presencia de alguien en nuestra vida no está asegurada nos ayuda a ver la relación con otros ojos y a entender que nosotras también tenemos que cuidar de ella.
 

2. No conoces a la persona que tienes al lado, así que no pierdas el interés por conocerla. ¿Has notado cómo has perdido el interés de conocer a la persona que tienes al lado porque crees que ya la conoces? Déjame decirte algo, las personas cambiamos cada día, evolucionamos, modificamos nuestra forma de pensar, cambian nuestros objetivos y aspiraciones, y un larguísimo etcétera. ¡Tú no eres la misma persona de hace 5 años y tu pareja tampoco!

No perdáis el interés por conoceros, por saber vuestra filosofía de vida y vuestros deseos, porque seguramente no son los mismos que teníais en la primera cita.
 

3. Trata de abstraerte por un momento de la realidad, de todo lo que sabes acerca de tu pareja, y mírala de forma objetiva, como si no la conocieras. Seguramente llevas algún tiempo con tu pareja y has perdido la habilidad de ver a esa persona con la sensación de que te queda mucho por vivir con ella.

Trata de encontrar esa habilidad y ponla en práctica. Mirar a tu marido o a tu mujer, como si fuera una persona totalmente desconocida, te recordará sensaciones de la primera etapa de la relación y, si coges el truco y logras hacerlo a menudo, será una forma genial de recordar los dos primeros puntos de este decálogo.
 

4. Comparte tus pensamientos y preocupaciones, y permite a la otra persona que las comparta. Practica la escucha activa cuando te encuentres en pareja, haz preguntas, interésate por sus opiniones o anécdotas diarias. Pregunta cómo puedes ayudar a mejorar su situación y escucha. A veces no somos conscientes de lo poco que escuchamos a la otra persona, hasta que se nos va de las manos y no nos enteramos de absolutamente nada de lo que nos ha contado. Sin embargo, no hace falta llegar a esos extremos, interrumpir constantemente o tratar de imponer una opinión también son formas de no escuchar.

 

mantener una relación sana

 

5. Dedícate tiempo, piensa en ti, invierte en ti y busca sentirte bien contigo misma. No te haces una idea de los beneficios que tiene para tu relación de pareja que cultives tú una autoestima sana y estable. Hacer crecer tu seguridad en ti misma e invertir en tu propio bienestar te ayudará también a alejarte del estrés, siento este uno de los peores enemigos de la salud de las personas y de sus relaciones. Cuanto mejor te sientas, más simplifiques tu vida y con más calma logres tomarte la rutina, más energía tendrás, por ejemplo, para trabajar tu comunicación o pasar un tiempo divertido juntos.
 

6. Procura tener detalles con tu pareja y valora los detalles que esta tenga contigo. ¡Y no me digas eso de «es que yo no soy detallista»! Claro, decir que no eres detallista es una razón más que suficiente para no preocuparte de tener detalles, pero a estas alturas de la vida y con el mercado de la autoayuda como está, ¡no me sirve! Ya sabes que las creencias solo sirven para limitar tu evolución, así que no te ancles en ello.

Los detalles llegan como soplos de aire fresco, son como un vaso de agua fría cuando hace mucho calor, ¡nutre y refresca! Un nota en el maletín, un post it en el espejo del baño, una foto antigua en la nevera, una caja de bombones, ¡lo que sea!
 

7. Practica la atención plena mientras estés con tu pareja. Sí, lo siento. Las preocupaciones por las tareas del día siguiente, la rumiación de la discusión con tu madre y el teléfono móvil deben quedarse fuera de la escena. Tanto si estás conversando, cenando, viendo una película o a punto de tener relaciones, detén tu actividad mental y concéntrate en tu momento presente.

La aplicación de mindfulness en el seno de la pareja demuestra mejorar la comunicación y el entendimiento, las relaciones sexuales y la experiencia del momento, sea cual sea.
 

8. Comunícate. Si antes te he invitado a practicar la escucha activa, ahora quiero aludir a la necesidad de que comuniques tus preocupaciones, tus emociones y tus necesidades. Tu pareja no tiene por qué conocer lo que necesitas en este momento, más aún cuando a veces no lo sabes ni tú misma, es por ello que se hace necesario trabajar la costumbre de expresar las necesidades y comentar las experiencias del momento.

Si algo te molesta, dilo; si algo te está haciendo daño, dilo; y si algo te hace inmensamente feliz, dilo también. ¡Habla! Porque hablando se entiende la gente.
 

9. Practica algún tipo de actividad con tu pareja. Haz deporte, sal a caminar, dibujad o coloread juntos; compartid una serie o un libro, etc. Cualquier actividad que requiera complicidad y esfuerzo es buena para nutrir vuestra relación. No te imaginas lo reconfortante que puede ser ir a dar un paseo y tratar todos los temas acumulados durante la semana, comentar las preocupaciones y hacer planes de futuro. ¿Qué actividad te gustaría proponerle a tu pareja?
 

10. Revive y sana. Cada vez que encuentres un obstáculo, olvida eso de decaer y aplica estos tips con mayor interés. Busca ideas sobre cómo revivir la llama del amor y si encuentras alguna que resuene en ti, ¡pruébala! Date la oportunidad de sanar heridas del pasado, perdónate, perdona a tu pareja y suelta ese lastre.

Si algo es lo suficientemente grave como para que la relación llegue a su fin, finalízala si es lo que quieres; y si no es tan grave, habla, negocia, aprende y suelta. Sanar no es fácil, pero es una buena forma de afianzar los cimientos que sostienen tu hogar.

La vida en pareja es algo hermoso, es una energía que hizo que os amarais y que os mantiene unidos pese a las millones de opciones que hay. Cada día que pasa tú podrías conocer a una nueva persona de tu vida y tantas probabilidades hay como personas te encuentras a lo largo de cada semana, ¡y no es así! El amor sigue uniéndote, ¿no te parece increíble?

Échale una mano a esa energía y actúa desde el corazón, trabaja tu actitud ante tu relación de pareja y verás como todo cambia, al menos tu perspectiva habrá cambiado.