LA ANSIADA FELICIDAD

Amar también es perder unas cosas para obtener otras

Recuerda que el amor te da, pero también te quita. Si lo único que esperas recibir son altas cantidades de dicha y alegría, no te enamores. Los sinsabores forman parte tanto de la vida como del amor. Intenta cambiarlos, si quieres, pero no los niegues. El amor no es para perezosos ni cobardes. Cuando el amor llame a la puerta, entrará como una tromba: no podrás dejar fuera lo malo y recibir sólo lo bueno. No hablo de ser pasivo y resignarse (...), sino de estar preparado para afrontar el lío que implica amar, defendiendo los derechos activamente y asumiendo con dignidad, sin pataletas, la realidad del amor. Si piensas que amar es igual a felicidad, has equivocado el camino. La génesis del vínculo afectivo humano conlleva el germen de su propio sufrimiento. Hay que pelear contra él, pero sin falsas ilusiones.

LA SUPUESTA INCONDICIONALIDAD

Todo tiene un límite y también la convivencia, pese a que haya amor

Sería interesante estudiar cuántas personas son capaces de soportar estoicamente el dicho “Contigo, pan y cebolla”. (...) La supuesta incondicionalidad del amor siempre es incierta. Muchas personas se dan la vuelta al llegar a la línea de mayor riesgo o del no retorno, porque el amor no es lo suficientemente fuerte para seguir impulsándolos. En vez de agachar la cabeza y sentir vergüenza por no tirarse al abismo, se debería encarar la cosa de manera más realista y sincera: “Hasta aquí llego... Esto puedo darte... No sé si es mucho o poco para ti, pero es sincero y honesto... Tómalo, si quieres, o déjalo”. Amar hasta el cielo no sólo es imposible, sino agotador y frustrante, porque no tienes alas. Es más sano y honesto decir: “Mi amor tiene estos límites”. La idea de un amor sin barreras, estoy seguro, ha producido más de un fracaso.

HACIA UN AMOR REALISTA

El buen amor es digno, ético, tierno, erótico y respetuoso

Amar es una experiencia maravillosa, si no pierdes autorrespeto y tu dignidad no se vende al mejor postor afectivo. Por el contrario, es una tragedia si renuncias a tus principios por amor. Estar enamorado o enamorada con los pies en la tierra no es perder romanticismo ni volverte un frío calculador de probabilidades. Más bien es sentir racionalmente. Razón y emoción en cantidades proporcionales. Si quieres más sentimiento, vale, pero el aspecto cognitivo debe estar presente. Hay que pensar el amor, además de sentirlo. Hay que construirlo y reinventarlo, y es imposible hacerlo desde una quimera romántica en la que adoramos un amor inexistente y eliminamos el pensamiento por decreto. No hay amor perfecto, y por eso puedes negarte a él, con voluntad y empeño, si ves que será perjudicial para tu vida. Alejarte sin dejar de querer, simplemente porque no te conviene.

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