Las personas demisexuales necesitan sentir un vínculo emocional fuerte y de mucha confianza con la persona que tienen al lado, para poder sentir atracción y deseo sexual. No es que no quieran tener relaciones sexuales, simplemente las tienen cuando sienten esa conexión especial. Sabemos que hay personas que asocian la sexualidad a una actividad biológica de placer que pueden vivir sin necesidad de relaciones afectivas significativas, y otras que solo disfrutan si unen la sexualidad a los afectos.

 

Nosotros también existimos

Elena, 31 años, recuerda haber visto una pancarta en el desfile del día del Orgullo Gay que decía «Demisexuales, nosotros también existimos». «No tenía ni idea de lo que era. De hecho tampoco sé exactamente qué quiere decir intersexual… ¡Cada día hay más etiquetas!», exclama Elena. Ella cree que siempre ha sido demisexual aunque desde hace poco más de cinco años es consciente que no siente atracción física por alguien que acaba de conocer.

Para ella no es un problema el hecho de ser menos rápida, «prefiero ir a mi ritmo, conocernos mejor requiere tiempo, para mí es importante la conexión emocional, más que la física que aparece después cuando me gusta alguien, y entonces llega la atracción sexual», cuenta. Nunca ha pensado que perdería oportunidades por ser poco rápida, le gusta esta forma de sentirse atraída por alguien y le parece poco íntimo sentir solo atracción sexual por el aspecto. Ella reconoce que aprecia si alguien es guapo o feo pero poco más: «Cuando era adolescente no me estresaba ver que era diferente de mis amigas, el atractivo físico nunca ha sido un reclamo sexual para mí, pensaba que cuando tuviera que llegar la persona llegaría. Tardó, sobre todo porque creía que me gustaban los chicos y hasta pasados los 20 no supe que soy lesbiana. Pero eso tampoco supuso un problema».

La sexóloga Ana García no es muy amiga de las etiquetas sociales, cree que no hay que etiquetar a nadie en relación a cómo vive su sexualidad, porque eso corresponde a la intimidad personal: «La sexualidad es un concepto muy amplio y cada persona lo vive a su manera, si tuviéramos que poner etiquetas a lo que se siente, no existirían etiquetas suficientes. La sexualidad es infinita, tan diversa como individuos hay en este mundo». Esta experta admite que las etiquetas pueden ayudar a quienes no se sienten identificados con la sociedad, para que no se sientan solos y diferentes, y encuentren a gente que vive y siente la sexualidad como ellos. «También puede ser útil para tener claros tus sentimientos, no confundirte, saber cómo funciona tu cuerpo y tu mente cuando conoces a alguien», propone García.

 

que es la demisexualidad 1

 

Tantas letras como personas

David, de 24 años, es demisexual. «Me ha costado descubrirlo pero ahora estoy orgulloso de saberlo», explica satisfecho. Cuando iba de fiesta con sus amigos era el rarito, el que nunca quería liarse con una chica ni con un chico, no le interesaba nadie y no entendía lo de salir a ligar. Los colegas le decían que era gay, aunque él tenía claro que era heterosexual. “Fui al psicólogo, no sabía por qué era diferente. Sentí un gran alivio cuando entendí que no funcionaba como la mayoría, y el agobio se esfumó. Hace un par de meses que tengo novia aunque hace tiempo que nos conocemos”, cuenta David.

La demisexualidad, como un concepto que ayuda a reflexionar, dudar y escribir sobre el tema, le parece bien a Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad de la Universidad de Salamanca, «aunque no lo veo con un sentido científico fuerte en sexología ni creo que sea estrictamente necesario. Tengo dudas sobre el grado de los afectos, qué tipos y en qué circunstancias. Es poco preciso. No hay estudios concretos sobre demisexualidad», comenta el profesor. Éste opina que son legítimas todas las formas de entender el deseo y que tenemos que respetar la diversidad. Según él, por lo general los hombres tienen más capacidad de prescindir del enamoramiento cuando viven el deseo de forma clara y que si alguien quiere tener relaciones solo desde el deseo es perfecto siempre que la otra persona lo acepte. «La demisexualidad no es una orientación sexual, puede afectar tanto a heterosexuales, como a homosexuales y bisexuales.»

Tampoco tienen necesariamente ninguna disfunción sexual ni son asexuales: pueden reconocer el valor de la sexualidad y vivirla muy bien. Sencillamente son personas que solo entienden la actividad sexual si va asociada a afectos hacia la otra persona”, concluye López Sánchez.

 

Compartir experiencias

Raquel Hurtado, psicóloga, sexóloga y coordinadora del área de intervención social de la Federación de Planificación Familiar Estatal, reconoce que su labor no es fácil, porque la educación sexual no está regulada, y solo hay una referencia en la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. Según Raquel, es importante no establecer dogmas porque mucha gente no se encuentra identificada. Trabajando así se normaliza y los jóvenes consiguen conocerse, aceptarse y vivir su sexualidad de la forma más satisfactoria posible, «cada uno encaja el discurso en su vivencia y encuentra sus respuestas», asegura. «La mayoría de personas mantienen relaciones sexuales con quien tienen un vínculo emocional fuerte, así que me resulta difícil establecer la diferencia entre ellos y los demisexuales. Hay personas que tienen prácticas eróticas esporádicas pero la mayoría se siente más a gusto teniendo relaciones eróticas con quien tienen un vínculo emocional fuerte porque les permite compartir otras experiencias que desde las prácticas puntuales no se pueden tener», argumenta.

 

 

Flirteos intelectuales

Sofía, de 34 años, siempre se ha interesado por temas de sexualidad y estudios que explican por qué existen diferentes tipos de sexualidad al margen del fin reproductivo. A raíz del documental (A)Sexual empezó a leer sobre el tema: «Hace poco más de dos años que oí hablar de la demisexualidad por primera vez. Lo más revelador fue saber que no soy la única persona en el mundo que no ve las cosas como la mayoría. Ha sido un proceso personal, apenas lo he comentado con un par de amigos». Reconoce que, para ella, la atracción no se trata de una reacción física, sino que tiene más que ver con un intercambio intelectual. Le ayudó saber que existe gente para la que no es un mecanismo directo el ver a alguien, sentir atracción sexual y perder la cabeza. Cuenta que cuando apenas hay referentes en la sociedad y en la ficción, crees que solo te pasa a ti. «Muchas piezas empezaron a encajar. Nunca había entendido que para algunas personas la sexualidad fuera un factor decisivo», explica Sofía, y reconoce que «cuando entiendes que es parte de lo que tú eres, todo empieza a tener un poco más de sentido».

 

¿Y en la práctica?

Para Sofía es normal no salir a ligar, no le motiva y tampoco le estresa. Ella necesita tiempo: «Bailar en una discoteca no es suficiente. No funciona el nos vemos, nos gustamos y tenemos un rollo. Cuando tienes 34 años el contacto íntimo es rápido. Pero en mi caso o pongo las bases de antemano o no entienden mucho lo que pasa… Y a mí no me gusta dar explicaciones», admite. Las dinámicas cambian cuando hace falta un estímulo intelectual para llegar a la intimidad sexual, sobre todo si la persona que tienes en frente no piensa lo mismo que tú. Para Sofía representa mucho esfuerzo la paciencia y el tiempo que supone llegar a intimar con alguien, «te tiene que gustar lo suficiente para dedicarle tanto tiempo. En la práctica no vives con tanto intercambio de parejas como tus amigos, tienes una vida más independiente, sin embargo no es un problema para mí porque tampoco tengo esa necesidad», explica. Las expectativas no tendrían que verse afectadas en las personas demisexuales. La sexóloga Ana García considera que cualquier pareja necesita que exista un vínculo emocional fuerte para que funcione. «Si tienes pareja ése vínculo debería existir en ambos casos independientemente de si eres demisexual o no. Lo que conlleva tanto en uno como en otro a la atracción sexual y a la aparición del deseo», explica la sexóloga.