¿Sabías que cuando estamos en un ambiente ordenado rendimos más? Incluso dormimos mejor. El desorden ralentiza nuestras tareas cotidianas (el hecho de apuntar la lista de la compra se complica si no encuentras el boli) y nos genera un estrés necesario (ver una mesa con un sinfín de objetos amontonados no es el mejor panorama para relajar después de un día de trabajo).

En el libro Por fin vas a ordenar tu casa, las creadoras de la web Aorganizarte , Silvia Llorens y Beth Comabella, nos dan muchas claves para hacer de nuestro hogar un templo alejado del caos. La clave: organizar, tirar y crearnos rutinas para mantener el orden.

 

1. ¿Por dónde empiezo?

Evita el vértigo de enfrentarte a la casa entera dividiéndola mentalmente por partes. Primero los cajones de la cocina, luego, el baño, el cuarto de los niños, la despensa. Si te concentras en una zona, ya habrás dado el primer paso. Luego tomarás carrerilla y continuarás por el resto de la casa. 

 

2. Despeja el recibidor

Es la primera estancia que vemos al abrir la puerta, donde dejamos esos objetos imprescindibles para salir a la calle (las llaves, el abrigo, el bolso) y que suele ser un pequeño caos. ¿Has llegado tarde a la oficina porque no encontrabas las llaves del coche? Pon un pequeño mueble o estante para dejar las llaves y la correspondencia. Si ya lo tienes, organiza todo eso: tira las llaves que no sepas de qué son, clasifica las cartas, deshazte de los post it de hace tres meses, pon un recipiente para las monedas y evita que se acumulen decenas de las de cinco céntimos que no tienen mucha utilidad. Si tienes un armario ropero, deja solo los abrigos de uso diario. Los de bodas, bautizos y comuniones, al dormitorio. Los de esquiar, también. ¿Tienes un perchero? Deja solo un abrigo por cada miembro de la familia. Si sois muchos, pon otro perchero.

 

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3. Documentos, a mano

Cierra los ojos y piensa: ¿encontrarías a la primera los recibos del gas, el seguro médico, el justificante del pago de impuestos municipales y la invitación del cumple del mejor amigo de tu hija? Las autoras sugieren un ‘Centro de Control’: un cajón o una parte de una habitación donde almacenes todo eso. Reúne todos los documentos, clasifica y tira los justificantes de impuestos pagados hace 10 años. Ahora agrupa los que desees guardar y ponles un cartelito identificativo: ‘casa’, ‘cole’, ‘médicos’. Suena largo, pero se ejecuta en un pispás. De paso, ya que estamos en 2017, pide que te envíen todas las facturas posibles vía online. Te evitarás toneladas de papel. Tu casa te lo agradecerá. Y el Amazonas, también.

 

4. Cocina lista

¿Quién no envidia las cocinas de la tele, tan amplias, relucientes y con todo lo necesario a mano? Bueno, lo primero es que son platós. Lo segundo, los chefs son extremadamente organizados. Podemos aprender mucho de ellos. De entrada, la encimera es un espacio de trabajo, no un almacén para correo, llaves o libros. Límpiala y mantenla así siempre. Ahora toca meter mano al menaje: vasos y platos cerca del fregadero, ollas y sartenes, cerca de los fogones. Hay baldas extraíbles, regulables, deslizantes y divisores de cajones y estantes. Juega con ellos para adaptar el espacio al tamaño de los cacharros. De paso, examínalo. ¿Tienes 8 vasos y sois solo dos? ¿La vajilla es un catálogo de los platos de Ikea de los últimos 10 años, porque has ido comprando según se rompían? ¿Tienes electrodomésticos que no usas? Haz un lote con lo que no uses y dónalo a una ONG. O llévalo al punto limpio. Ganarás espacio. Y con más espacio, es más fácil mantener el orden.

 

5. La nevera no es un Kandisnky

¿A quién no le hacen gracia los imanes? El problema es cuando acumulas setenta en la puerta de la nevera. Sí, son recuerdos de viajes y da pena tirarlos. La solución: forra la puerta interior de algún armario con una plancha metálica y pégalos allí. Deja en la nevera los indispensables para la lista de la compra. Y quita los trescientos post it con notas de aviso. Ya hay aplicaciones móviles para eso. Una vez más, gracias de parte del Amazonas por ayudar a no deforestarlo.

 

6. Tira cosméticos inservibles

Que levante la mano la que no acumule hidratantes que no usa porque son aceitosas, huelen mal o sacan granos. Si es así, tíralas. No la vas a usar y lo sabes. Lo mismo con ese perfume horrible que te regaló tu cuñada, la barra de labios fucsia que compraste porque aquella revista decía que era lo más en Londres o esa anticelulítica que no has usado nunca. Chequea las fechas de caducidad. Si no lo pone, ten en cuenta que los cosméticos suelen expirar entre 12 y 18 meses después de su apertura.

Aprovecha para limpiar el armario. Te sorprenderá la de horquillas, limas y cachivaches que encontrarás. Puede que hasta recuperes las pinzas de depilar que extraviaste hace dos años. Repite la operación con la bañera. Deja solo los productos de uso diario y guarda en un lugar cercano, pero separado, la mascarilla del pelo, la exfoliante. Finalmente, mete mano al botiquín. Y a las toallas. ¿Acumulas un montón, algunas bastante gastadas y de color incierto? Mételas en una bolsa y al contenedor de tejidos. ¿Sabías que esas fibras pueden servir para crear nuevos tejidos o para forro de los asientos de los coches?

 

7. Tu armario es tu altar

Nada al respecto que no haya dicho ya la gurú del orden Marie Kondo. Deshazte de la ropa que no usas, la que se ha pasado de moda (sí, todo vuelve pero no siempre igual) y la que no te vale (si ese pantalón te aprieta pero llevas dos años con la misma talla, tíralo sin dolor de corazón). Una vez que solo queden las que crees que vas a ponerte, ordénalas por colores y tamaños. Separa las de invierno y verano y mete las que no vayas a usar en unos meses en una bolsa de almacenaje al vacío (de esas que sacas el aire con la aspiradora). Hazte con separadores de cajones, perchas o baldas para zapatos. ¿Haces mucho deporte? Ponte en la lista de cosas por hacer ‘lavar las zapatillas’. Ocuparán lo mismo, pero el armario no olerá a difunto. De paso, cuelga bolsitas de lavanda. Un ropero organizado y con olor a limpio siempre es inspirador.

 

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8. ¿Qué hay bajo la cama?

De niñas tememos que haya un monstruo bajo la cama. De mayores hacemos todo lo posible para que un asesino en serie no se agazape bajo nuestro lecho acumulando toda suerte de trastos bajo la cama. ¿Eres de las que almacena cajas de zapatos, maletas, el banco de abdominales o los trastos de la playa bajo el somier? ¡Nunca mas! Retira todo eso, guárdalo en su sitio y tira el banco de abdominales si aún conserva el precio en pesetas (señal de que no lo has usado demasiado). Ahora limpia a conciencia. Tal vez no quepa un asesino, pero para las cucarachas eso es un hotel de cinco estrellas. Una vez despejado, no vuelvas a llenarlo de trastos. Mejor un monstruo que cucarachas.

 

9. La silla acumuladora

Solemos tener una silla para desvestirnos con comodidad. ¿Y luego, qué? ¿Eres de la que deja la ropa del día despanzurrada en la silla? ¿Tiras sobre ese montón el pijama? ¿Sigues así hasta que hay un montón de ropa digno del MOMA? Es hora de recogerlo: la ropa reutilizable, al armario. La sucia, a la lavadora. Recuerda: reutilizar implica doblar o colgar, no crear una nueva torre de ropa dentro del armario. Si está arrugada, no te la pondrás. Incluso puede que la pierdas de vista. Una vez eliminado el caos de la silla, aplica tus dotes de orden a la mesilla de noche.

 

10. ¿Dónde está el mando de la tele?

Parece mentira que no tengan patas y la facilidad con la que desaparecen los mandos, ¿verdad? Sucede por no tener un espacio (una caja, un organizador…) donde guardarlos todos juntos. Deja ahí el de la tele, el del decodificador, el del aire acondicionado… ¿Os acurrucasteis anoche en el sofá con una mantita que hoy yace tirada? Dóblala y déjala sobre uno de los brazos del sofá. O habilita un cesto bonito para las mantas (dobladas en forma de cilindro). ¿Hay cargadores por todas partes? Acostumbraros a meterlos en una caja. Déjala cerca de un ladrón con varias entradas.

Queda la parte más dura: libros, revistas y material audiovisual. Empieza por las revistas. ¿Realmente las consultas? Si es que no, dónalas. Ahora organiza libros, vídeos y demás por orden alfabético, temático o emocional. Guardar el Quijote junto a los libros de gastronomía y los dvds de Juego de Tronos no es muy práctico. ¿Vas a reutilizar los libros del embarazo? ¿Aún conservas un manual de usuario de Windows? ¿Un catálogo de la Expo 92? Ya sabes: al contendor de papel o a donar.

Queda echar un vistazo a las plantas de interior. ¿El cactus agoniza? ¿Guardas la flor de Pascua de la pasada Navidad, que hoy es solo un palo con tres hojas tristes? No desesperes: no todo el mundo tiene mano con las plantas. Tíralas y pásate a las artificiales. Ahora las hay clavaditas a las de verdad. Relucientes, lavables y no se marchitan.