No hace falta desplazarse por las alturas en una montaña rocosa o andar por las vigas de un rascacielos para sentir angustia, indefensión y que todo te da vueltas. Lo sabe quien ha sufrido episodios de vértigo, una dolencia que afecta de forma leve a una de cada 10 personas y a dos de cada 100 con más intensidad, según la Asociación de Afectados de Trastornos del Equilibrio, Vértigos y Mareos (ATEVERMA).

Vértigo y mareo suelen usarse como términos sinónimos, pero mientras que este último normalmente dura poco, los efectos del vértigo se pueden notar desde pocos segundos hasta varias horas. ¿Qué produce este trastorno? Por lo general, se debe a una alteración del sistema vestibular, situado en el oído interno, cuya función es mantener el equilibrio de todo el cuerpo. Te contamos las diferencias de estas dos afecciones para que sepas indentificarlas.

El origen del vértigo

Sensación de náuseas, sudores y la indefensión de saber que el equilibrio está fuera de control son los síntomas más signiticativos de los episodios de vértigo. Su causa principal suele ser un problema en el oído, por eso también se asocia a zumbidos o pitidos –los llamados acúfenos–, que hacen del silencio un estado difícil de alcanzar. Es el llamado vértigo periférico –el más frecuente–, que también se origina por lesiones en la zona de la cabeza o la toma de determinados medicamentos.

El vértigo central es menos frecuente y se produce cuando la causa  está en el cerebro. Lo desencadenan migrañas, la existencia de tumores o enfermedades como la esclerosis múltiple. Si no se ataca la causa que los produce, se pueden experimentar episodios varias veces al día o durante días seguidos, lo que afecta sobremanera la calidad de vida de quien los padece.

Mareos, un trastorno ocasional

Sensación de que se nubla la vista y debilidad generalizada que pueden acabar en un vahído  –algo tan común en las embarazadas y signo de aprensividad– son los síntomas asociados al mareo. Por lo general, están relacionados con una alteración puntual de la circulación sanguínea, pero pueden tener múltiples causas, desde una bajada de tensión hasta una lesión en las cervicales.

Suele durar segundos o minutos. ¿Cómo tienes que actuar cuando ocurre? En primer lugar, si detectas que el mareo te sobreviene, debes colocarte en una zona segura, apoyarte, y en caso de que lo necesites, sentarte con la cabeza entre las piernas o estirarte y alzarlas –estos movimientos te ayudarán a reactivar la circulación sanguínea–.

Si padeces vértigos, aquí tienes 5 pasos exprés para aplicar ante un episodio de vértigo.