"Los que se pelan, se desean". Este dicho tiene gran parte de verdad, pero con muchos matices de por medio. El novelista Tim Lott hacía un ranking de los motivos por los que más discutían las parejas (encabezan la lista el sexo, la limpieza en casa y no recordar las cosas del mismo modo), en un artículo para el británico periódico The Guardian. Sin embargo, esto es la punta del iceberg según el coach Fady Bujana: "la clave es que cada relación es un conflicto en gestión porque cada persona tiene sus propias reglas y en la convivencia se han de poner de acuerdo".

Fady Bujana nos da algunos consejos para gestionar bien este conflicto sea cual sea su raíz:

Ver la vida de manera diferente. Éste es el único conflicto al que se enfrentan dos personas en su día a día, el desencadenante de todas las discusiones. Aceptarlo es el primer paso para no perder los estribos.

Entender que el conflicto enriquece. Si nos encerramos en nuestras propias reglas, no avanzaremos en la relación. Así que no caben las evasivas en la ecuación de una relación fluida.

Evita las recriminaciones que empiecen por "tú". El conflicto surge de las circunstancias y de la visiones diferentes, pero no estamos hablando de vencedores ni de perdedores. No transformes una discusión en una guerra de poder.

Responde, no reacciones. La reacción no aporta nada, una respuesta puede ayudar a resolver el conflicto, ya que nace de la reflexión.

El arte de mantener la tensión. En su libro El amor excelente, Bujana explora este concepto, ya que sin este constante conflicto en gestión no habría una intención de entender al otro, de mantener el interés por él. La diferencia mantiene nuestra curiosidad despierta.

Nunca discutáis enfrente de los niños. El amor es cosa de dos, para acabar con otro dicho, así que los más pequeños deben quedarse al margen ya que este factor positivo en la relación desde su óptica resulta agresivo e incomprensible.

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