Las píldoras anticonceptivas combinadas son el segundo método más usado en España para prevenir el embarazo. En concreto, del 72,7 % de mujeres españolas de entre 15 y 49 años que usa algún método anticonceptivo, un (16,2 %) opta por las pastillas –por detrás del preservativo (31,3 %)–, según datos de la Sociedad Española de Contracepción.

Conocida como píldora, también se indica para trastornos como el acné, las reglas irregulares o la obesidad cuando están relacionados con alteraciones hormonales, como el síndrome del ovario políquistico. El tratamiento combina dos hormonas: estrógenos y progesterona, y al igual que el anillo o los parches, inhibe la ovulación cada mes.

Pese a su uso extendido, las pastillas anticonceptivas siguen estando sujetas a debate a causa de los efectos secundarios que comportan. En algunos casos, pueden influir en la coagulación de la sangre y se relacionan con problemas de salud cardiovascular como el infarto de miocardio, tal y como informa la Fundación Española del Corazón. La ginecóloga y presidenta de la Sociedad Catalana de Contracepción y de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña, Hildegard Mausbach, también explica que están contraindicadas “en mujeres mayores de 35 años que fuman, en hipertensas o en aquellas que tienen obesidad; ya que el tratamiento hormonal combinado, que contiene estrógeno, aumenta un poco el riesgo de trombosis”.

La píldora también se ha asociado a trastornos del estado de ánimo: se ha documentado que podría aumentar el riesgo de sufrir depresión, sobre todo en adolescentes, según un estudio de la Universidad de Copenhage que recabó datos de 1 millón de mujeres en Dinamarca.

Más allá de los efectos secundarios que produce su toma, al dejarlas, puede provocar alteraciones tanto físicas como emocionales. La doctora Mausbach apunta que “al cabo de un mes de abandonar el tratamiento se reanuda el ciclo menstrual. De entrada, son cambios fisiológicos normales, relacionados con que el ovario está funcionando bien. Se puede notar un poco de dolor de pecho; a mitad del ciclo, pequeños pinchazos en el ovario o que los  cambios hormonales antes de la regla provoquen cambios de humor.

Sin embargo, Mausbach detalla que “si se tomaba la píldora como tratamiento para mejorar otro tipo de problemas, probablemente los síntomas que había antes volverán a aparecer, como dolor de regla, irregularidades en el ciclo, acné o problemas de peso”. La ginecóloga remarca que en este supuesto, antes de dejarlas, es mejor visitar al especialista para que valore la historia clínica de la paciente.

En la actualidad, también se ha puesto en tela de juicio por qué hasta ahora no se comercializan tratamientos anticonceptivos hormonales para hombres. Una investigación llevada a cabo este año por la Universidad de Edimburgo, sobre una muestra de 320 hombres, confirmó que una inyección anticonceptiva para ellos podría ser casi tan efectiva como la píldora, aunque los hombres no pudieron sobrellevar sus efectos secundarios, como acné, dolor a causa del pinchazo, trastornos del comportamiento y un aumento de la líbido. ¿Es una realidad factible que ellos también tomen anticonceptivos hormonales? La doctora Mausbach señala que en un futuro “es una posibilidad, aunque difícil, porque los tratamientos disminuyen los niveles de testosterona, lo que puede influir en un menor deseo sexual”, pero detalla que “se han hecho, a lo largo de 50 años, muchos más estudios en mujeres. Hay que seguir investigando”.