La risa y el sentido del humor son necesarios para la vida. Reírse, concretamente, es un ejercicio muy saludable para todo el organismo. Este masaje vibratorio en el que están implicados al menos 400 músculos oxigena todo el cuerpo, segrega endorfinas, las hormonas del bienestar y disminuye los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Sin embargo, a medida que se cumplen años se deja de reír y hasta el sentido del humor cambia.

Un niño puede soltar hasta 300 o 400 carcajadas en un día y su risa es franca, vibrante y muy saludable. Se ríe por cualquier motivo. Conforme crecemos el número de veces que nos reímos se reduce drásticamente hasta 20 o 30, incluso se puede olvidar qué es reír. Pero además, la risa y humor son más intelectuales, como el de Mafalda, que acaba de cumplir 50 años. También se suele recurrir a la burla, como la que se da en algunas comedias de situación. Aunque este tipo de humor puede ser compartido con personas de la misma generación, hay que tener cuidado si hay personas mayores delante.

Esta es la conclusión a la que ha llegado un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Akron y publicado en la revista médica Psychology and Aging. El trabajo observó que mientras a las personas jóvenes y adultas les gusta un tipo de humor más crítico, a las mayores les suele atraer más la risa filial, aquella que surge de experiencias compartidas, situaciones divertidas y extrañas pero nunca ofensivas.

Uno de los motivos por el que el humor cambia es que de mayor se experimentan problemas físicos y emocionales y si la risa es burlesca puede herir los sentimientos y crear rechazo. Además, la risa de tipo afiliativo permite superar las pérdidas de familiares y amigos que se producen a esta edad. La famosa serie, Las chicas de oro, podría ser un buen ejemplo del tipo de humor con el que disfruta la gente mayor.