1. Fresco
Deberemos evaluar si el pescado que nos ofrecen procede de aguas cercanas a nuestro país o de latitudes alejadas como el Atlántico Sur. Es importante "no desechar la piel ya que es rica en colágeno y en pescados blancos, como la merluza, es bajo ella justo donde está la grasa y por lo tanto el omega 3", apunta Carmen González Sotelo, investigadora desde el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo.

2. Congelado
Es sin duda, el método de conservación más popular ya que la congelación mantiene el valor nutricional del pescado y evita el crecimiento y desarrollo de bacterias, siempre que no se rompa la cadena de frío. "Las propiedades organolépticas, el sabor y la textura, pueden perderse pero no así las nutricionales", sostiene González Sotelo, desde el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC.

3. En lata
Atún, bonito, sardinas o anchoas son los más populares y todos ellos son pescado azul por lo que son fuente de omega 3, un ácido graso necesario. Además "las conservas de atún en aceite mitigan la presencia de mercurio presente en el pescado y predisponen la absorción de selenio", afirma Carmen González Sotelo, lo que supone una ventaja frente al hecho de consumirlo a la plancha o crudo.