No hay duda, hacer listas es una forma excelente de organizarnos, de focalizarnos y no olvidar las cosas que tenemos por hacer. El simple hecho de apuntarlas en una lista nos sirve de recordatorio de las tareas pendientes y en cierta forma nos hace sentir que hemos dado ya el primer paso para llevarlas a cabo. Además, tachar cada una de las cosas que vamos realizando nos produce una fantástica sensación de alivio y satisfacción personal.

De la consabida lista de la compra -una de las pocas maneras de volver a casa del supermercado sin lamentarnos por haber olvidado algo- a la lista de cosas necesarias para un viaje o para organizar cualquier tipo de evento, las listas se convierten en una suerte de 'memoria portátil', ya sean en papel o sobre la pantalla de nuestro smartphone, que nos facilita la vida.

Pero además de por su sentido práctico, las listas nos gustan también porque nos dan la sensación de poder dar orden a lo que nos rodea. Ante la imprevisibilidad de la existencia y la sensación de caos ante toda la información que recibimos a diario, hacer listas es una forma de tener una cierta sensación de control.

Las listas de buenos propósitos o de aspiraciones pueden ser también una buena forma de ponernos objetivos y que no caigan en el olvido. Para sentir que avanzamos, lo mejor es hacer listas de metas alcanzables a corto plazo que nos animen a seguir en vez de desmotivarnos por su dificultad.