El hecho de andar, ya sea en la arena o en cualquier otro lugar, mejora la circulación sanguínea, por lo que es un ejercicio especialmente indicado para las personas que se pasan gran parte de la semana en oficinas o llevan una vida muy sedentaria. Al caminar descalzo por la playa obtendrás el beneficio de un suave masaje en las plantas de los pies y, si estás justo en la orilla donde rompen las olas, el agua del mar te masajeará también los tobillos, haciendo esta experiencia mucho más completa.

Si la temperatura lo permite, puedes ir un poco más allá y adentrarte en el mar hasta que el agua llegue a la altura de tus muslos. Andar a esta profundidad, levantando las piernas con cada paso, es agotador, pero es un fantástico ejercicio para fortalecer los músculos de las piernas y glúteos. El agua del mar, además de relajarte, contiene minerales (yodo y sodio) que ayudan a prevenir el envejecimiento de la piel.

También hay beneficios para la belleza, ya que gracias a la fricción de la arena, caminar descalzo dará lugar a unos pies más suaves en poco tiempo, semejante a un tratamiento de exfoliación. Cuando andamos por la playa, el calor del sol afecta a nuestro sistema endocrino, la parte de nuestro cuerpo que segrega endorfinas para hacernos sentir relajados y menos estresados. Pero ten cuidado, evita caminar en las horas centrales del día para no ser víctima de las quemaduras del sol. El mejor momento es a primera hora de la mañana o por la tarde, aplicándote siempre un protector solar.