El consumo de azúcar es un tema que permanece en auge año tras años, cada día más estudios hablan de lo perjudicial que resulta para el organismo y de lo adictivo que es, y sí, nos sabemos la teoría, pero a la hora de ponerlo en práctica nos resulta imposible. Además, está rodeado de polémica, frente a grandes marcas que emplean azúcar en la producción de absolutamente todo (salsas, leches vegetales, potitos y papillas, etc), hay un ejército cada vez mayor de nutricionistas y profesionales de la salud que denuncian la cantidad desmesurada de este ingrediente que llevan los productos e invitan a la población a evitar o reducir su consumo.

Pues bien, dejando al margen toda esta tormenta de información sobre los perjuicios del azúcar y el uso cada vez más extendido de edulcorantes artificiales, a mediados de diciembre decidí desterrar por completo el consumo de galletas, chocolate, bollería industrial o casera, tartas, y cualquier tipo de azúcar o edulcorante, e incluso miel.  Pasé dos meses y medio en los que el único dulce que saboreaba era el de la fruta y así fue cómo lo viví:

 

Antes del experimento

El azúcar siempre ha formado parte de mi alimentación de una manera u otra, es cierto que hace tiempo dejé de utilizarla en el café y las infusiones, pero siempre he usado sirope de ágave con las tortitas, tengo fijación por la Nutella en determinados días del mes y nunca he tenido problema en regalarme un croissant o una palmera de chocolate si me apetece, eso sí, he de confesar que esto ocurre de pascuas a ramos, lo de la Nutella es sólo unos días cada mes y consumo tortitas muy de vez en cuando. Así que quizás no soy el mejor ejemplo de persona que debe hacer un enorme sacrificio por evitar los productos azucarados.

Ahora bien, el hecho de que no muera habitualmente por un dulce no implica que el día que me apetece no muera, literalmente, por él. Esto es: no como mucho dulce, pero el día que lo quiero, paso de quererlo a necesitarlo en un periodo muy breve de tiempo.

Precisamente fueron estos antojos repentinos e intensos los que me llevaron a hacer el sacrificio de no tomar azúcar hasta el 2 de marzo (no me preguntes por qué el 2 y no el 1, o el 28 de febrero), supe desde el principio que no me iba a resultar difícil no tomar azúcar, pero también sabía que podía pasarlo mal el día que quisiera algo dulce, así que suponía la promesa perfecta.

 

Durante el experimento

Si echo la vista atrás puedo diferenciar tres etapas en el tiempo que estuve sin azúcar. Al principio tuve antojos y nerviosismo al saber que no podía comerme una mísera galleta, después tuve plena consciencia de lo que estaba haciendo y los antojos remitieron y, finalmente, dejó de interesarme el dulce casi por completo.

¡Te cuento detalladamente como lo viví! Y, por supuesto, si te animas a probar la experiencia me encantaría que me contases cómo lo has vivido tú.

Las primeras dos semanas fueron exactamente como me las esperaba, acostumbro a tomar desayunos salados y la merienda de la tarde siempre es dulce, así que cada vez que llegaban las 16:00 h empezaba a pensar en algo dulce. Normalmente ese antojo puedo cubrirlo con unos cuadritos de chocolate negro, pero sabiendo que no podía comerlos, el antojo crecía por momentos.

Algo que aprendí en mi época de dietas es a distraerme cuando la situación se me está yendo de las manos, así que enseguida encontraba algo que hacer o me preparaba una infusión. Y siempre tenía la opción de las ciruelas pasas que son muy dulces y, por cierto, vienen muy bien para lo que tú ya sabes; así que los días en que comenzaba a notar como el estrés crecía y podía apoderarse de mí, rápidamente me permitía comer tres ciruelas y todo volvía, más o menos, a estar en calma.

Lo cierto es que esto pasó muy pocas veces porque el motivo que me llevó a dejar de comer azúcar era muy poderoso para mí, siempre he intentado dejar el azúcar para cumplir una dieta o adelgazar, y absolutamente siempre fracasé en mis intentos. Sin embargo, esta vez sí pudo y, de hecho, seguiría pudiendo a día de hoy, y todo es porque mi nuevo motivo es mejor que adelgazar.

¡Te invito a que revises esto en ti misma! ¿Has intentado dejar el azúcar pero cuando te ofrecen tarta de queso no te puedes resistir? Prueba a cambiar la razón por la que quieres dejar el azúcar, si la dieta, la vida sana o el azúcar en sangre no son suficiente motivo para ti, habrás de buscar otro.

Si tu motivo no es lo suficientemente fuerte, busca otro o abandona la idea. Cumplir tus propósitos es muy fácil... si los aprendes a plantear.

A partir de la tercera semana comencé a experimentar lo que es tener un estilo de vida libre de dulces, no solo me apetecían cada vez menos, sino que comencé a no sentir nada cuando los demás comían dulces a mí alrededor. Quizás esto suena exagerado, pero cuando nos restringimos un alimento que nos gusta mucho, el hecho de que los demás lo disfruten no nos deja indiferentes, de hecho ocurre lo mismo con el tabaco y con cualquier otra cosa que nos genere cierto grado de adicción.

Mi nuevo estilo de vida había echado raíces en mí y me resultaba cada vez más sencillo buscar alternativas, por ejemplo, recuerdo que salí a merendar en familia a una pastelería y yo merendé café con leche de soja y pan tostado con aceitunas negras. Todo es cuestión de buscar opciones

Además me comencé a sentir más enérgica, el bajón de después de comer desapareció casi por completo, me apetecía más fruta o frutos secos y, definitivamente, los antojos remitieron. No obstante, las ciruelas pasas siguieron y siguen en mi despensa.

La última etapa comenzó cuando ya solo faltaba una semana para terminar mi reto personal y me preguntaba si debía atiborrarme a dulces para celebrar mi grandiosa fuerza de voluntad o si, por el contrario, podría proponerme seguir así el resto de mi vida.

Fue una semana muy interesante porque cada día tenía más claro que no tenía interés alguno por volver a comer dulce de manera habitual, pero por otro lado, todo el mundo sabía que mi reto llegaba a su fin y me animaban a que comiese unas cosas u otras cuando llegase el día. No sirvieron de nada todas las veces que les expliqué que ya no me apetecía comer dulce, ¡nunca llegaron a creerlo!

El día 28 de febrero decidí ir a comprar una tableta de chocolate negro, el que más me gusta, y opté por una de productos ecológicos y comercio justo que, por cierto, es espectacular. De todas formas, el famoso día 2 de marzo llegó sin pena ni gloria y ¡lo pasé sin acordarme de que ya podía comer dulce! Recuerdo que sí probé el chocolate, me pareció increíblemente bueno y con un dulzor muy interesante, pero te soy sincera: un mes después queda más de la mitad de la tableta.

 

Después del experimento

Después de una experiencia así te cambia la vida y, de nuevo, puede parecer exagerado pero realmente me he preguntado cómo es posible que, durante tanto tiempo, haya estado convenciéndome de que mi fuerza de voluntad es pésima cuando la realidad es que es fantástica y que, de verdad de la buena, lo único que necesito para poder actuar disciplinadamente es una buena razón.

Ahora sé que cada vez que he intentado hacer dieta o cada vez que me he propuesto reducir el consumo de algo, todo lo que necesitaba era El Motivo. Ese motivo muy mío que es diferente al tuyo, pero que a las dos nos funciona igual de bien y me alegra haber podido comprobar una vez más que, cuando repito una y otra vez que debemos replantearnos los motivos y los objetivos, ¡llevo algo de razón!

Quizás tú pienses que quieres comenzar una dieta porque quieres adelgazar, pero puedes estar segura de que si la abandonas es porque realmente no quieres perder peso, al menos no como fin último. Si sientes que quieres cambiar tu alimentación, perder peso o ganar algunos kilos de forma saludable, te invito a contactar con un profesional que te pueda aconsejar de acuerdo a tus requerimientos y resuelva tus dudas cuando no entiendas por qué te resulta tan difícil evitar ciertos alimentos. Me tomo aquí la libertad de invitarte a buscar a Victoria Lozada (@nutritionisthenewblack) en las redes, tanto si tienes interés en sus asesorías personalizadas como si buscas consejos sobre alimentación, ¡te aconsejo que vayas a su Instagram y blog porque tiene información muy útil!

Si hago balance sobre el experimento, puedo comprobar que eliminar el azúcar de mi dieta me ha permitido:

  • Apreciar mejor el dulce natural de los alimentos.
  • No sentir necesidad de ningún tipo de azúcar refinada, bollería o cacao.
  • Tener menos antojos y la ansiedad que puede producir no saber gestionarlos.
  • Sentirme más enérgica y sin bajones a lo largo del día.

En definitiva, no sé si tienes o puedes localizar un buen motivo para ponerte a prueba con este reto de dos meses sin azúcar, pero si lo tienes aventúrate a vivirlo. Se aprende mucho de uno mismo y ¡se comprende el por qué de todo lo anterior! Y, por si te lo has preguntado en algún momento: no, no comí turrón, ni polvorones, ni roscón en Navidad y ¡no por ello fue menos Navidad!