El 30 de julio de 2018 se cumplieron dos siglos del nacimiento de Emily Brontë, una de las más extraordinarias escritoras de la historia. Tímida, solitaria, llena de talento para la poesía, la novela y la música, la vida de la autora de Cumbres Borrascosas fue breve y extraña.

Patrick Brontë, su padre, era un culto reverendo de la iglesia protestante. Su esposa murió muy joven, dejando seis hijos pequeños. Las dos niñas mayores fallecieron también enseguida. Sobrevivieron Charlotte, Branwell (el único varón), Emily y Anne, que se criaron desde entonces con una tía materna y con su padre en un pequeño pueblo del norte de Inglaterra, Haworth.

El talento de los Brontë estaba sin duda muy por encima de lo común. Los cuatro 
niños crecieron leyendo muchísimo, jugando solos por los montes que rodeaban su casa y escribiendo desde pequeños, todos juntos, largos poemas llenos de heroínas, príncipes y caballeros medievales. Desarrollaron una relación muy estrecha entre ellos y, al mismo tiempo, un carácter introvertido que llevó a las tres hermanas a sentirse incómodas fuera de su entorno familiar.

El poco dinero de los Brontë se empleó en los estudios de Branwell, de quien todos esperaban grandes cosas. Las niñas tuvieron que conformarse con estudiar en casa y pasar algunos meses en un internado. Mientras el hermano comenzaba a malgastar su vida, Charlotte y Anne se pusieron a trabajar como institutrices. Emily 
se quedó en Haworth, porque su timidez y su sensibilidad la llevaban 
a enfermar al alejarse de su casa.


En 1846, Charlotte logró convencer a sus hermanas para publicar
 un libro conjunto de poemas. Aún estaba muy mal visto que una mujer se atreviera a escribir. Conscientes de que firmar con sus nombres les hubiera supuesto muchas burlas y críticas, decidieron hacerlo con seudónimos masculinos. Ese mismo año, las tres comenzaron a escribir sus primeras novelas. Tres mujeres aisladas, que casi no habían vivido y que, sin embargo, fueron capaces de hacer tres asombrosas novelas llenas de pasión: Cumbres Borrascosas, de Emily, Jane Eyre, de Charlotte, y Agnes Grey, de Anne.

De nuevo volvieron a publicar como hombres. Las tres obras conocieron un cierto éxito, a pesar de que algunos críticos fueron muy duros con ellas, especialmente con la de Emily, por su absoluta "inmoralidad". A ella le deprimió aquella reacción. Decidió que no volvería a escribir novelas, solo poemas, e hizo jurar a sus hermanas que nunca desvelarían sus verdaderos nombres.

Charlotte y Anne, en cambio, animadas por la acogida del público, se pusieron rápidamente a concebir nuevas historias.

Pero aquel momento de esplendor sería brevísimo: en septiembre de 1848 murió su hermano, alcoholizado. Tres meses después, el 19 de diciembre, fallecía Emily, con 30 años, víctima de una repentina tuberculosis. Y solo cinco meses después, en mayo de 1849, también Anne, contagiada de la misma enfermedad. Charlotte, la única y desolada superviviente, terminó por incumplir la promesa hecha a Emily y dio a conocer sus verdaderas identidades.

Durante algún tiempo, gozó de una fama literaria cada vez mayor, a medida que publicaba nuevas novelas. Pero en 1854, a los 38 años, se casó con un pastor protestante y poco después, embarazada, murió. Las hermanas Brontë desaparecieron del mundo sin descendientes, pero dejaron una obra literaria única y esplendorosa.

ILUSTRACIÓN: JUDIT GARCÍA-TALAVERA