¿Cómo nos ponemos morenas?

El proceso de bronceado de la piel es un sofisticado sistema de defensa de nuestro organismo para proteger las células de la piel de los daños que causan los rayos solares. Los melanocitos, células parecidas a un pulpo, cobijan células cutáneas. Éstas son las que liberan la melanina, encargadas de proteger a las células de las radiaciones ultravioleta y que a la par dan el tono moreno a la piel. 

UVA y UVB: distínguelos  

Los rayos UVA destruyen el colágeno y dan un aspecto envejecido a la piel a largo plazo. Las UVB queman menos pero atacan a las defensas y son las culpables de tu posible fotosensibilidad.

El problema viene cuando la radiación solar “actúa más rápido de lo que lo hacen los melanocitos, ya que altera el núcleo de las células de la epidermis y aparecen las manchas”, explica Ignacio Coello, responsable de la Clínica Biomedical.

No existe la protección total

El factor de protección solar o SPF “mide la capacidad de frenar los rayos UVB; en cuanto a los rayos UVA, el nivel de protección debe ser, al menos, una tercera parte de lo declarado para los UVB”, explica la Dra. Marta Feito, dermatóloga del equipo del Dr. Ricardo Ruiz. También se actúa frente a los rayos infrarrojos (IR), implicados “en la formación de los radicales libres y en el envejecimiento cutáneo”, añade la Dra. Ortiz. Aun así, la protección total no existe: “Se intentaba que ninguna radiación solar llegara a la piel, un concepto en desuso. Ahora se maneja el 50+ como la máxima protección”, explica Ignacio Coello. Un factor de protección 30 llega a bloquear el 96,7% de los rayos ultravioleta B, mientras que uno de 50 tiende a hacerlo en un 98%, según la Asociación Española de Dermatología y Venerología (AEDV). Según la AEDV, la prevención primaria evita directamente el sol.

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