Con el hambre aparecen la necesidad y las ganas de comer. En medio de éstas, se encuentra la decisión de escuchar a la voz que nos incita a comer cualquier cosa, o bien hacer caso a lo que realmente pide el cuerpo: algo sano y saludable. Sin embargo, muchas veces las personas comen por razones emocionales más que por hambre real. Entre estas razones se encuentran el aburrimiento, la ansiedad, el estrés, las reuniones sociales o el hecho de ver atractivos anuncios de comida.

El cuerpo tiene herramientas para comunicarse con la mente en cuanto a la comida se refiere. Por una parte, la grelina es la hormona que se encarga de regular el hambre y sus niveles aumentan cuanto el cuerpo necesita ingerir comida; mientras que la leptina se activa cuando el organismo se siente lleno y por eso se la conoce como la hormona de la saciedad. Por eso, el objetivo es conseguir una relación simbiótica entre el cuerpo y la mente y aprender a escuchar lo que el organismo realmente pide.

Para entrenar el apetito es importante saborear la comida, masticar bien y sin prisa, ya que el mensaje de saciedad tarda veinte minutos en llegar al cerebro. También es fundamental diferenciar el hambre real del considerado 'aburrimiento', por eso calificar el hambre que se siente en una escala del 1 al 10, siendo el 10 el máximo, puede ayudar a no comer cuando no es necesario y hacerlo solamente cuando se supere el 7. Por otra parte, realizar otras actividades (como dormir, pasear o beber agua) puede alejar esa sensación falsa de hambre.