Tras abandonar una actitud picajosa y detectar motivos por los que dar las gracias en el día a día, la periodista y escritora norteamericana Janice Kaplan descubrió que todos los aspectos de la vida pueden dar un vuelco a mejor. Lo explica con detalle en el libro Diario de la gratitud (Zenith), en el que capítulo a capítulo apunta cómo durante un año modificó por completo su forma de pensar y, en consecuencia, se enriquecieron todas las facetas de su vida.

Su propuesta entiende el estado de felicidad como una sensación de bienestar duradera, en la que la persona sabe sobreponerse a las adversidades sin dejarse arrastrar por ellas. “Todos tenemos la fuerza interior para erradicar las emociones destructivas” es un aforismo que incluye Kaplan en su libro y que se remonta al siglo III a. C. Lo dijeron los estoicos, dueños de la doctrina filosófica que alababa el control sobre las propias capacidades y pensamientos para alcanzar la felicidad.

Superar la negatividad

Abogando por un pensamiento positivo que no deje al margen la crítica y la ambición personal, la autora concreta cómo fue deshaciéndose de su actitud destructiva, que iba desde renegar de buena mañana por un día de lluvia hasta poner expectativas desmesuradas en su matrimonio.

Con referencias a filósofos, entrevistas con médicos de distintas especialidades o a artistas como Matt Damon, Kaplan intenta transmitir la idea de que tanto la gratitud como una actitud positiva se pueden entrenar, solo necesitarás poner en práctica lo siguiente:

1. Modificar la visión sobre el dinero. ¿Sabías que un tercio de la población mundial vive con menos de dos euros al día? Y aunque esta cifra es abrumadora, paradójicamente, vivas donde vivas, siempre sentirás que hay alguien que tiene más riqueza y posesiones que tú.

La preocupación por el dinero, la consideración de que este mide la valía propia y la necesidad de querer más y más, acarrea grandes dosis de insatisfacción. Por este motivo, la autora defiende el hecho de otorgarle al dinero un valor meramente práctico y rechazar del todo la idea de que construye el valor de una persona.

2. Consumir menos y ganar tiempo. En 2013, los estadounidenses compraron de media 63 prendas al año, según datos del diario The Wall Street Journal. Con esta y otras cifras, Kaplan reflexiona sobre la grandeza de optar por una vida minimal y destinar nuestro tiempo y dinero a experiencias –como un viaje o una salida dominical– en lugar de emplearlos para comprar objetos y posesiones que tienen fecha de caducidad y a la larga nos roban espacio en el hogar sin aportarnos ningún beneficio a cambio.

3. Focalizarse en el presente. “En el caso improbable de que no vivas para siempre, quizás deberías intentar ser feliz ahora” es una frase de la serie The Newsroom con la que la autora destaca la importancia de buscar herramientas para reducir el estrés y no sobrepreocuparse poniendo el foco en el pasado y el futuro.

Kaplan también explica que los estados nerviosos se relacionan con la inflamación, un trastorno que hace acto de presencia cuando el sistema inmunitario está debilitado.

4. Pensar en clave optimista y actuar. El doctor Seligman, director del Centro de Psicología Positiva en Pensilvania, explica a la periodista que para que una forma de pensar postiva influya directamente en el bienestar personal debe ir acompañada de acciones.

Algo tan simple como planificar de buena mañana todos los quehaceres del día, elaborando una lista que sea asumible, nos puede reportar mucho bienestar personal al ver que cumplimos nuestros objetivos. 

5. Expresar la gratitud. La mayoría de días pueden transcurrir como si no pasara nada, es decir, como un tiempo en el que podemos tener la sensación de que en nuestra vida no ha sucedido nada emocionante, como puede ser conseguir un buen trabajo o una pareja que nos satisfaga. Sin embargo, las personas que más felicidad sienten, encuentran cada día motivos para sentirse agradecidas y así lo transmiten tanto verbalmente como por escrito a las personas que les rodean.

Aunque no ocurra nada especial, cada día se nos da la posibilidad de sentirnos dichosos y apreciar lo que tenemos: poder alimentarnos bien, pasar tiempo con las personas que nos importan o dedicar un rato del día a practicar esa actividad que nos permite disfrutar y reconectar con una misma. He aquí el punto de partida para cultivar una forma de pensar en clave optimista.