Lo da todo en cada personaje y eso trae constantes reconocimientos. El año pasado obtuvo el Goya a la actriz revelación y este está nominada a ese y a todos los premios importantes del cine español (Feroz, Forqué y Gaudí) por su papel en La Llamada. Anna Castillo es generosa, empática, rebosante de energía y capaz de transmitir siempre, en cada trabajo, verdad.

Si volviese a ser pequeña y a jugar a convertirme en algunas de las actrices que veía en las pantallas, es seguro que me pediría ser ella. Anna Castillo (Barcelona, 1993) transmite pureza sin inocencia, sensibilidad sin sentimentalismo y mucha verdad. Tiene eso que la alta costura envidia de los barrios bajos. Esa inimitable mezcla de libertad, arrojo y estilo que incluye gran dosis de bondad. Lleva un año (2017 y 2018) trabajando duro y como resultado es noticia en todos los frentes. En los Goya de 2018 por su nominación como actriz de reparto por un papel que ya bordó sobre las tablas cuando La Llamada era un musical de éxito que aún no se había llevado a las pantallas. Si hablamos de lo que ha hecho después, es noticia por la película que protagoniza junto a Lola Dueñas, Viaje alrededor del cuarto de la madre, que le ha valido otra nominación a los Goya y que, este año sí, recogió en el escenario en Sevilla. También la hemos visto en teatro con La Pilarcita en el Lara de Madrid y en televisión, aparece su nombre en la serie Estoy vivo, por no hablar de Arde Madrid a las órdenes de Paco León, con Inma Cuesta a su lado.

El año pasado la vimos cruzar la alfombra roja de los Goya para sentarse en el banquillo de las nominadas junto a una de las personas a las que más quiere, la actriz Belén Cuesta y, de ese entonces, esta entrevista.

Otra vez las dos juntas compitiendo por un Goya. ¿Piensas, como el año pasado (2017), que te da igual si lo ganas tú o ella?

Pues claro que sí. Además tengo la corazonada de que esta vez se lo va a llevar ella. De cualquier modo y pase lo que pase va a ser una noche muy especial por todas las nominaciones que tiene La Llamada, por todas las cosas bonitas que nos han pasado con esta peli, será el broche final a los años de función y de película. Estoy muy emocionada.

¿Te gusta la película?

Puede que no sea objetiva pero a mí me encanta. Después de haber estado tres años en el teatro con esta historia, llevarla al cine me daba la oportunidad de contar cosas nuevas de mi personaje... Todos nos habíamos creado muchas expectativas, además nos lo habíamos pasado genial haciéndola. No sabía lo que me iba a parecer al verla, ya sabes que todo cambia, pero me emocionó, me pareció que habíamos conseguido transmitir lo que queríamos y además hacer una película muy divertida. Estoy orgullosa de ella.

¿Te ha hecho reflexionar sobre la fe?

Sí, y me he dado cuenta de que yo en lo que creo de verdad es en el hecho de creer. Cuando deseas algo de verdad todo se confabula para que suceda. La fe mueve montañas, lo tengo claro. Y con ella todo cuesta menos esfuerzo.

¿Y sobre la fe religiosa?

Yo no soy creyente. Creo en la energía de la gente pero no en una figura divina. Respeto mucho el catolicismo, de hecho he ido a cole religioso y parte de mi familia lo es. Creo que con La Llamada me he dado cuenta de la importancia de respetar la fe de cada uno. Hay muchos caminos, muchos destinos y cada uno cree en lo que tiene que creer.

¿Eres un poco como Susana, tu personaje en La llamada?

Sí, o más bien, era como ella hace unos años: tenía ganas de divertirme, no quería comerme la cabeza, era muy terrenal y estaba llena de energía… Ella es más macarra pero yo siempre he sido una chica de barrio. Cuando estoy en mi ambiente me gusta usar palabrotas y tengo el deje ese…

¿Cómo es una chica de barrio?

Pues yo creo que fundamentalmente tienes que ser más echada pa’lante. En los coles de barrio manda la ley del más fuerte. No puedes permitirte ser tímida. Tienes que currártelo más y aprender a adaptarte para poder moverte en entornos que no son el tuyo. Te tienes que sacar las castañas del fuego.

Para una chica de barrio, ¿qué rasgos de chica acomodada son de risa?                                                                                                                               

No sé, ninguno. Tampoco somos tan diferentes como para eso… Al final todos somos iguales.

¿Cuál ha sido la llamada de tu vida?

Supongo que sentí la llamada a ser actriz pero en mi caso hay una llamada que lo cambió todo y fue la de los dos Javis proponiéndome el papel en la función de teatro. Dije que sí y me fui de Barcelona a Madrid, a vivir sola. Hice una nueva familia con mis amigos y empecé a vivir de esta profesión... Imagínate estar tres años, con ese éxito de taquilla... Pienso que fue un golpe de suerte y dio un giro total a mi vida.

¿Sabías desde niña que serías actriz?

No, hacía teatro musical por las tardes pero mi plan era estudiar psicología o periodismo. Más bien me vino solo, cuando vi que mis trabajos como actriz no me dejaban tiempo para estudiar la carrera. Verme sin tiempo me hizo plantearme que ya tenía una profesión.

¿Qué bloqueos has tenido que trabajarte a lo largo de estos años?

 Sobre todo el tema de no juzgarme a mí misma. Creo que ese es el típico bloqueo de todos los actores. Cuando no te juzgas te puedes permitir todo, equivocarte, cagarla… Pero eso es algo con lo que lidio todavía, es complicado luchar contra tu juez interior.

En tus clases de teatro musical, ¿consideraban que tenías talento?

¡Qué va! Nunca me ponían de protagonista, a mí me daban papeles pequeños. Cantar tampoco es lo que mejor hago. Pero también he aprendido mucho currando. Creo que a los 18 años noté por primera vez que una profesora de teatro me valoraba. Y como también veía que en los castings me escogían bastantes veces, desde los 14 años, pues me lo iba creyendo. Pero nunca fui una de esas de las que dicen: “Esta lo va a petar”.

¿Cómo aguantabas los castings, tan pequeña?

Hice millones. A mi madre yo le decía que de publicidad no quería, que solo de actriz. Yo creo que tenía la suerte de haber aprendido a dominar los nervios, que te la pueden jugar, gracias a que estaba también muy metida en patinaje y había participado en muchas competiciones. Aunque tengo muchísima energía, controlaba genial los nervios y eso era una ventaja.

Este año (por 2018) estrenas película con Lola Dueñas, Viaje alrededor de una madre.

Sí, en esta película soy una chica de 20 años muy tímida, contenida e introvertida, nada que ver conmigo. La película cuenta de una forma preciosísima su relación con su madre. En otra entrevista me contaste que tu madre es para ti una maestra y que tenéis una relación muy importante.

¿Ha tenido eso que ver con este trabajo?

Sí, de hecho, le pasé el guión para que lo leyera y fue la primera en decirme: “Este personaje lo tienes que hacer”. Yo creo que en el cine se habla poco de la relación madre e hija y es muy importante. Todas tenemos una historia potente cuando hablamos de nuestras madres. El vínculo es super especial y cuando la hija se va de casa es muy heavy, es muy duro y a la vez necesario. Yo me fui de casa con 19 años y tuve esa sensación de ganas pero también de responsabilidad y preocupación porque sabes que para tu madre es fuerte.

La relación vira y ¿mejora?

Sí. Es un momento de cambio, y muchas veces después la hija valora y respeta más a su madre con la distancia. También es porque cuando no hay convivencia se allana el terreno. La convivencia es muy complicada. A mí me pasa cada vez que vuelvo a Barcelona que estoy deseando verles a todos y estoy feliz pero necesito un par de días para adaptarme a la convivencia. Llevas un ritmo de trabajo increíble.

¿Tienes tiempo para ti?

Llevo ya un año que curro prácticamente cada día de la semana. Es tela pero estoy muy contenta. Cuando tengo algo de tiempo solo quiero hacer lo más normal: cenar, tomarme una cerveza, estar con mi gato, quedar con mis amigas... para mí quedar con ellas es lo más. Barcelona es tu casa, tu lugar de escape.

¿Cómo vives lo que está ocurriendo?

A mí me pasa una cosa: por un lado vivo en Madrid y aunque me rodeo de gente tolerante he estado en situaciones que a mí como catalana me han parecido aberrantes. Por ejemplo, he tenido que oír mentiras como que a los niños en Cataluña no se les deja hablar en castellano. Pero, por otro lado, voy a Cataluña y también me cabrea mucho de lo que oigo. Veo a familias divididas y eso me parece muy triste. Los medios de comunicación cuentan lo que les interesa, manipulan y engañan. Creo que podría ser todo más fácil.

¿Cómo?

Escuchando. Creo que bastaría con que unos escuchasen a los otros. En este momento estás trabajando en televisión, cine y teatro. ¿Cómo pasas de un código a otro tan rápidamente? Mis personajes son muy diferentes y eso lo facilita. Pero, aparte, el teatro Lara es pequeñito, así que no puedes exagerar como en otros escenarios porque el público no te creería. El trabajo no es tan diferente al del cine. Y no me cuesta pasar de un código a otro… No sé cómo lo hago. El cuerpo se adapta, noto cómo él solo va amoldándose al escenario.

¿Escuchas mucho a tu cuerpo?

No tanto como me gustaría. Intento tener conciencia corporal, es fundamental para mi trabajo. Tengo mucha energía y necesito sacarla, pero intento controlar... Cuando me hacen una entrevista en un programa luego le pregunto a mi madre: “¿Estaba desbordada?”. Y ella me suele decir: “Sí, estabas un poco acelerada”.

¿Cómo controlas tanta energía a la hora de construir personajes?

Yo los trabajo con la empatía. Por ejemplo, en el de Viaje alrededor de una madre, ella es muy contenida. Lo que hago es sentir lo mismo que ella, ponerme en su piel e intentar meterme en su manera de respirar, de transmitir. Aunque tenga un huracán emocional en su interior ella no lo saca. Hay que mostrarlo solo con la mirada. En realidad no sé si consigo reflejarlo o no. Espero que sí, ese es el reto siempre, que el espectador vea lo que has querido transmitir.

¿De verdad no lo sabes?

De verdad. Es una cuestión de fe. Y tengo fe en ello.