La lectura de tu último libro, El nombre propio de la felicidad (Planeta), es muy ágil y entretenida. ¿Es eso lo que pretendes con tus novelas? 

Sí, creo que toda novela pretende eso en última instancia: envolver al lector entre sus páginas y robarle de su entorno las horas que duren la lectura. Algunas dejan peor o mejor sabor de boca, cuestan más o menos de leer, pero todas nos secuestran de nuestra vida. 

Autoeditaste tus libros en Amazon y tuvieron muy buena respuesta del público. ¿Te ha servido el feedback de los lectores para seguir escribiendo? 

Sí, así es: al terminar mi primera novela decidí probar suerte y ponerla a disposición de los lectores antes que a la de una editorial. Ellos me transmitieron muchas sensaciones que me acompañan aún hoy. Uno ha de escribir lo que le sale de dentro, pero un apoyo externo siempre viene bien. 

¿Por qué elegiste la felicidad para el título de esta historia? 

Surgió dentro de una escena importante de la novela. Los lectores reconocerán en uno de los personajes que charlaban a la protagonista de mi primera novela, Julia. Es ella quien detonó el título de esta historia. Fue un regalo más que ella me hizo. 

Por cierto, ¿en nombre de la felicidad que has hecho tú? 

Vivir cada día con ilusión.  

Tu doble profesión, como dietista y escritora, ¿es fácil de llevar? En realidad, la pregunta es, ¿cómo lo haces? 

Intento repartir el tiempo de forma eficaz: por las mañanas me levanto muy temprano y me pongo la bata en la clínica. Por las tardes me siento entre mis cuadernos de notas y avanzo en la escritura en el despacho de casa. Lo más complicado, sobre todo al inicio de esta aventura literaria porque tenía menos tiempo para escribir que ahora, era mantener encerrados a mis personajes dentro de una parcela que solo podía visitar unas pocas horas al día. A veces vienen a verme cuando menos los espero: mientras conduzco, mientras leo… 

¿De dónde sale tu vocación? 

Creo que de las ganas de vivir. Leer es entrar en otro mundo y disfrutar (y sufrir) dentro de las vidas de otros. Pues escribir es aún más intenso: durante la escritura tu vida queda a un lado y vives de lleno la de otras personas. Al terminar tienes la sensación de haber estado en otra ciudad, en otro tiempo, en otro cuerpo. 

¿Por qué te decidiste por abordar el género romántico? ¿Es el que más te gusta como lectora? 

Fue pura casualidad. De hecho no suelo leer novelas románticas. Hace tres años leí tres o cuatro novelas más ligeras de lo habitual en mí y me dije que quizá yo podría escribir una historia simpática, de esas que te evaden y te dejan una sonrisa al terminarla. Así nació mi primera novela Las hojas de Julia. Después vino La foto de Nora y, por último, El nombre propio de la felicidad, que va más allá del género romántico: habla de la vida, de las segundas oportunidades, del camino a la felicidad. 

¿Cuáles son los ingredientes que nunca deben faltar en tus libros? ¿En la que para ti es una buena historia? 

Emoción, intriga y esperanza. 

¿En qué te inspiras para recrear las tramas? ¿Y los personajes? 

Hasta ahora mis novelas han sido fruto de la imaginación. He recreado tramas y personajes únicos, pero seguro tienen parte de mí y parte de los que me rodean. Nico, mi último protagonista, llegó a mí estando en el metro de París una mañana de primavera. Durante el trayecto imaginé a un hombre joven, soñador, escritor de cuentos infantiles al que las cosas no le iban muy bien y me dije: tengo que ayudar a este chico…