A menudo tan solo sobrevivimos, olvidando el significado de vivir, de vivir en mayúsculas, con pleno sentido en el aquí y ahora. Estando en el presente solemos anclar nuestras vivencias en el pasado, a veces con añoranza y otras con alivio, o bien nos limitamos a percibirlo como si se tratara de una sala de espera de acontecimientos mejores que aún están por venir.

John Lennon decía: “La vida es aquello que pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes”. Cuantas de nosotras nos pasamos la vida esperando que suceda algo maravilloso que dé sentido a su existencia, sin disfrutar ni apreciar todos esos momentos irrepetibles que nos regala día a día el momento presente.

Durante muchos años he cumplido a la perfección el cliché de mujer superocupada. Multitarea es una cualidad que nos define y yo la he desarrollado a rajatabla: dirigiendo equipos a la vez a que ejercía de presidenta en una cámara de comercio, daba clases en una universidad y viajaba aquí y allá –pues me he dedicado durante casi treinta años a la internacionalización de las empresas–, siempre intentando siempre compaginar mi vida laboral con la maternidad de dos hijos, la adopción de un tercero, la organización de una casa, la formación continua y continuamente anhelando que llegara un momento futuro que me permitiera pequeños placeres como leer, dar largos paseos por la naturaleza o escribir.
 

Si prestas atención, la vida te muestra el camino


Un día empecé a sentirme mal. Empeoraba semana tras semana pero no encontraba el momento de visitar al médico. Llegó el día en que ya no pude aguantar más el dolor y, entre reunión y reunión, encontré el hueco para acercarme a urgencias. El diagnóstico que me dieron significaba un parón en mi agitado día a día. A raíz de este percance me di cuenta de algo trascendente: o te paras tú o te para la vida.

En lugar de simplemente poner mi atención en curarme y seguir andando el mismo camino y al mismo ritmo, decidí meditar profundamente entorno al mensaje que conllevaba mi dolencia y la verdad que resultó ser el punto de inflexión hacia un modelo de vida mucho más congruente entre lo que hago y lo que realmente quiero, valorando y apreciando todo lo que me regala el momento presente. Te puedo asegurar que desviar la mirada del futuro al aquí y ahora ha disminuido drásticamente mi nivel de ansiedad.
 

La fuerza del deseo crea realidades

Si no estas satisfecha con el transcurrir de tu vida y realmente quieres cambiarla –y digo realmente– ten la certeza de que puedes hacerlo, puedes cambiar de hábitos y ser más feliz. El primer paso consiste en ver dónde están las incongruencias entre lo que hacemos y lo que queremos. Para ello puedes hacer un sencillo ejercicio:
 

  • Coge una hoja de papel y piensa en una semana estándar. Anota en grandes capítulos las actividades y tareas que realizas. Como guía puedes utilizar la siguiente clasificación: trabajo, amigos, familia, ocio y crecimiento personal. A continuación dale un peso a cada una. Por ejemplo, el 55% de mi tiempo lo dedico al trabajo, el 10% a la familia, el 1% a practicar deporte –por tanto ocio–, etcétera.
     
  • En una hoja distinta lista las cosas que realmente son importantes para ti, las que de verdad te gustaría hacer, aquellas que te hacen sentir bien. Clasifícalas según las categorías mencionadas anteriormente.
     
  • Ahora, en un papel en blanco, reescribe de nuevo las actividades y las tareas que realizar pero teniendo en cuenta las prioridades que has establecido en la segunda lista. Pon en primer lugar la más preferente, indicando siempre el porcentaje de tiempo que desearías dedicarle.
     
  • Ya tienes tu hoja de ruta confeccionada ahora solo tienes que tomar la determinación de llevarla a cabo.
     

Yo hice en su día este ejercicio y guardé la hoja en mi mesita de noche durante mucho tiempo. Cada noche la sacaba y, realizando profundas respiraciones me visualizaba en mi nuevo formato de vida.

La magia está dentro de ti

El cuento Aladino y la lámpara maravillosa es una bonita fábula sobre el poder de la atracción de los pensamientos. Aladino, cada vez que tiene un deseo, frota la lámpara, aparece el genio, formula un deseo y automáticamente le es concedido. En este cuento, el genio simboliza el poder de creación de nuestros sueños.

Una vez que tengas formulado tu objetivo, tu plan de vida, toca visualizarlo. Es decir, imaginar y sentir ese objetivo ya conseguido, ya realizado. Es la misma técnica que utilizan los deportistas de élite cuando, antes de empezar la competición, se visualizan con la copa del triunfo en las manos. Es algo que suelo hacer con asiduidad tanto para objetivos elevados como para conseguir pequeños retos. He practicado esta técnica con mis hijos y con personas de mi equipo y puedo asegurarte que funciona.

Para finalizar quiero compartir contigo una afirmación en la que creo profundamente: somos más de lo que aparentamos y tenemos todo el poder del Universo en nuestro interior. ¡Solo es preciso que lo utilicemos!
 

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