1. Cuando eres arrogante, tiendes a anclarte en una cerrazón mental.
De esta manera tendrás menos probabilidades de buscar nuevas técnicas y conocimientos, y como piensas que lo sabes todo, dejas de seguir creciendo.

2. Piensas que las personas te pueden aportar muy poco.
Esto te impide establecer conexiones que puedes necesitar más adelante en la vida.

3. Tiendes a hablar más que a escuchar.
Recordemos que se nos dio una boca y dos oídos por una razón; podemos aprender de la escucha, mientras que hablar continuamente nos aporta poco beneficio.

4. Crees que siempre tienes la razón.
Esto conduce a falsas suposiciones, y te hace más propenso a cometer errores. Una segunda opinión sobre algo no te hace menos capaz; al contrario, demuestras que sabes valorar el trabajo en equipo y muestras tu humildad, cualidades que mucha gente valora y busca.

5. Nadie quiere estar cerca de un ser engreído o soberbio.
A menos que pretendan algo de ti. Llegará el día en que te des cuenta que estás sola y las únicas interacciones sociales que puedes conservar son las utilitaristas, únicamente se quedarán a tu alrededor aquellos que quieran utilizarte.

6. Demuestras que no estás dispuesta a trabajar en equipo.
Esto aniquila otras oportunidades de trabajo y de progresión laboral.

7. La arrogancia a menudo esconde paradójicamente una falta de confianza, una falta de conocimiento y muchas inseguridades.
En ese afán por esconderla, la arrogancia puede llevar a acciones poco éticas. Los arrogantes piensan que son infalibles y toman un callejón sin salida. Esto significa que el día que una persona arrogante falla, lo que terminará ocurriendo, hará lo necesario para encubrir ese fracaso. Muchas veces, estas personas recurrirán a medidas extremas para asegurar que su culpa no se descubra, incluso cuando se trata de actos poco éticos.

En esta línea, reconócete en estas 10 cosas que las mujeres seguras de si mismas no hacen.