En frente de un mismo conflicto, las personas podemos actuar de formas muy diferentes. Todo depende de nuestra personalidad y capacidad de afrontar las situaciones difíciles. Alguien puede sentirse bloqueado o creer que no existe una solución, mientras otra persona se verá con fuerzas para afrontar de cara el problema.

Aunque el proceso no es nada fácil y, por eso, siempre va bien pedir ayuda. Tanto en el caso de no saber cómo resolverlo, como si queremos conocer las opiniones y puntos de vista de nuestros allegados. De hecho, es muy positivo acudir a alguien, ya que nosotros podemos estar en caliente y no tener las cosas claras. 

Pero la teoría siempre es más fácil que la práctica y, normalmente, acabamos cayendo en los mismos errores, incluso cuando ya los hemos cometido en el pasado. Sí, los humanos nos equivocamos, pero ¿en qué? De buenas a primeras, se suele atribuir erróneamente las causas del problema. Esto provoca que no podamos tratarlo de forma adecuada ni en profundidad y, por tanto, se alarga el malestar.

Si te encuentras en esta situación, puede que te sientas identificada con los siguientes errores, de los cuales hablan María Ibáñez Goicoechea y Jesús Jiménez Cascallana en su libro Aprende a resolver lo que te hace sufrir. 

Los 5 errores más comunes 

Entre las respuestas más cuotidianas ante los conflictos, se encuentran cinco errores muy típicos y en los que caemos fácilmente. Ahora ya sabrás que para solucionar un problema, debes evitar caer en ellos. Se trata de atribuir las causas del conflicto a hechos que no lo son. 

Pensar que es por culpa del pasado

Esta frase suele ser recurrente, pero está muy alejada de la realidad. Se trata de atribuir las causas a nuestra educación o a experiencias negativas e, incluso, traumáticas. Relacionando las vivencias con nuestros profesores, amigos o familiares. 

Los miedos y temores del presente pueden estar vinculados al pasado, pero depende de nosotras afrontarlos. Por lo que no es culpa de las situaciones que hemos vivido, sino de nuestra actitud o falta de ella para encarar los problemas.

Cargar contra la gente que nos rodea

Pensar que las personas que forman parte de nuestro día a día son las causantes del problema, ya sea en el entrono profesional como personal, es otro error muy común. Puede que las circunstancias en las que te encuentres no sean las más adecuadas, pero eres tu la responsable de amoldarte y hacer que nada ni nadie interfiera en tus decisiones y actitud. 

Creer en la mala suerte

Si tendemos a justificar que un problema es por mala suerte, probablemente, no podremos hacer que las cosas cambien. Más bien, sucederá todo lo contrario y empeoraremos la situación. Es decir, como creemos que no depende de nosotras mismas, no haremos nada para conseguir acabar con el conflicto. De este modo, puede hacerse mayor, hasta que acabaremos explotando. 

Culpar a algo inalcanzable

¿Cuántas veces hemos dicho que es cosa del karma o de Dios, cuestión de azar, o por brujería? Ante hechos injustos, relacionamos los problemas de la vida con aspectos que están fuera de nuestro alcance. Atribuir la culpa a hechos intangibles y creer que depende de otros aspectos ajenos a nosotras, hace que creamos que no podemos resolver el problema. 

Culpabilizarnos

Muchas tendemos a culparnos a nosotras mismas, considerando que no hemos actuado correctamente. Normalmente, es una respuesta que se da en personas perfeccionistas, que creen que si algo ha salido mal es porque no han actuado lo suficientemente bien.