Las personas perfeccionistas, como creen que todo debería ser perfecto, se implican al máximo en hacer las cosas lo mejor que pueden. Por lo tanto, suelen conseguir lo que quieren, cosa que en muchos casos les hace felices. En otros casos, no obstante, el deseo de perfección puede llegar a ser doloroso e incluso paralizante, ya que contagia a las personas de una exigencia tan exagerada sobre sí mismas, que nunca podrán llegar a alcanzar ese ideal.

Aquellos que lidian mal con su perfeccionismo suelen sentir ansiedad la mayoría del tiempo, cosa que afrontan trabajando más duro. Por ello, suelen estar cansados y tristes, aunque sonrían e intenten disimular. A veces, el perfeccionismo nace de la creencia interna de que no se es tan intrínsecamente bueno como se debería ser. Esto hace complicada una relación con una persona perfeccionista, que puede hacer sentir inapropiada a su pareja.

Por otro lado, cuando las personas perfeccionistas se embarcan en proyectos que realmente les entusiasman, pueden llegar a hacer cosas asombrosas. Es aconsejable que trabajen solas, por lo menos durante la mayor parte del tiempo, y si aprenden a ponerse en el lugar de los demás y a ser colaborativas pueden llegar a convertirse en miembros imprescindibles de familias y equipos de trabajo.