La mayoría de gente relaciona los helados con un alimento de alto contenido calórico que engorda. Lo cierto es que, aunque las variedades de helados elaborados con crema o leche pueden tener más calorías, también existen otras opciones como los sorbetes (preparados a base de agua) o las versiones light, que son realmente bajas en grasas y calorías.

Otra de las creencias más arraigadas entre la población es que el alto contenido de azúcar de los helados favorece la aparición de caries. La verdad es que aunque los helados contienen azúcar (unos más que otros), no se consideran productos especialmente cariogénicos, ya que se suelen retener en la boca antes de tragarlos (algo que protege frente a la aparición de caries). Además, pensar que los helados elevan el colesterol es otro error común porque las variedades elaboradas con leche desnatada o con agua no suelen tener colesterol.

Otro falso mito es pensar que los helados provocan reacciones alérgicas o intoxicaciones por tener una base de leche. Si consumimos un helado que ha sido bien conservado y que ha respetado la cadena del frío, no nos exponemos a ningún riesgo para la salud. Por último, aunque su consumo muchas veces está relacionado con causar catarros y resfriados, los helados sólo podrían tener un efecto sobre la garganta, a pesar de que varios estudios afirman que no causan irritación ni dolor de garganta e incluso en ocasiones pueden tener un efecto antiinflamatorio.