El sufrimiento es algo inevitable, que un día llega a nuestras vidas y nos las complica. Cuando aparece, nos bloqueamos y no sabemos por dónde empezar. Sin ganas de nada, pero con el apoyo de todos, nos convencemos de que algún día ya estaremos bien o nos sentiremos mejor.

Probamos mil estrategias, pensamos en situaciones parecidas del pasado, buscamos cómo distraernos, evitamos hablar del tema, pensamos en otras cosas y ocupamos la mente con lo que sea. A parte de estas acciones puestas en práctica conscientemente, también actuamos de forma inconsciente para resolver el conflicto.

Pero en la vida, nada es fácil. Y todo es mucho más complejo cuando nos toca sufrir a nosotras mismas. Probablemente, una de las primeras cosas que hagas es buscar en internet cómo acabar con el sufrimiento. Sin embargo, existen mitos que, si te los crees, te llevarán a entrar en bucle y a alargar más la situación.

¿Qué no funciona?

Quizás te ves reflejado en alguna de estas estrategias y creencias comunes de la sociedad, que los comunicadores y especialistas en psicología María Ibáñez y Jesús Jiménez nos cuentan en su libro Aprende a resolver lo que te hace sufrir. Aunque son actitudes erróneas que no permiten resolver un problema, ya que no lo tratan en profundidad.

Repetirse lo mismo todo el rato

Constantemente, caemos en repetir una misma frase todo el tiempo. Pero sólo con las palabras, no podremos cambiar nuestros sentimientos y emociones. Esforzarse para autoconvecerse de que podemos resolver un problema, y no lograrlo, hace que aumente la sensación de frustración.

Volver a probar lo que ya no funcionó

Los seres humanos tendemos a implementar, una y otra vez, las mismas soluciones ante los problemas. Métodos que ya hemos utilizado en anteriores ocasiones, pero que no habían funcionado. Entonces, ¿por qué caemos en lo mismo? Puede ser por el desconocimiento de otras formas de actuar o por no atreverse a probar nuevas estrategias.

Culparse a uno mismo

Creer que lo que ha pasado es por nuestra culpa, que algo hemos hecho mal y, ahora, nos toca acarrear con las consecuencias. Esta actitud no lleva a ningún lugar, pero muchas tendemos a buscar cosas que nos hagan sentir culpables. Querer creer algo que no es, puede estar causado por la perfección. Muchas personas quieren hacerlo todo perfecto y se exigen demasiado. Por eso, en contracorriente tienden a adjudicarse la culpa y a creer que han fallado en algo y que no han actuado correctamente.

Ignorarlo y pretender olvidarlo

Cuántas veces habremos afirmado que estamos bien y, realmente, no es así. El malestar es algo indeseado y, por eso, tendemos a esconderlo, evitarlo o olvidarlo. Sin embargo, esto no soluciona el problema, más bien lo alarga. Es preferible afrontar de cara el conflicto, que dejarlo en el olvido. Si haces ver que no existe, acabará apareciendo nuevamente y todavía será peor. Un día u otro, explotarás y será más difícil de encararlo.

Ser impacientes

Creer que podemos resolver el problema inmediatamente es un error. Necesitamos parar y entender qué esta pasando, para llegar al fondo del asunto. Y esto requiere tiempo. Ir con prisas te agobiará más. Además, para pensar con claridad es mejor hacerlo en frío. Por lo que no quieras solucionar todo de golpe e instantáneamente.

Buscar el placer

Tender a comer por ansiedad y depresión, beber más alcohol de la cuenta, fumar cigarrillo tras cigarrillo… Estas actitudes tampoco ayudan. De hecho, suelen darte una sensación de satisfacción a corto plazo, pero después te hacen sentir peor. A pesar de esto, es una de las estrategias más comunes y recurrentes. ¿Por qué? Porque pueden producirte placer y reducir el sufrimiento por un tiempo.

Resignarse

Aceptar lo sucedido y creer que no tiene remedio es otra estrategia errónea. Negar que existe una solución es conformarse. Así se acaba ocultando el sufrimiento, pero sigue existiendo. Suele ser una actitud que se relaciona con personas que creen que no tienen la capacidad para resolver el problema o que desconocen métodos para intentarlo.