La realidad de la pareja estable dista del ideal de amor romántico. La personalidad de cada uno, las obligaciones y las circunstancias vitales, entre otros, influyen en que entre los dos miembros se sucedan disputas o miedos que pueden poner en jaque la relación.

El psicólogo clínico y máster en Sexualidad Humana Antoni Bolinches, autor de Amor al segundo intento (Debolsillo) nos ayuda a identificar 3 fases importantes de una relación y qué debemos hacer para sobrellevarlas con éxito.

Fase 1: enamoramiento

Cuando se está enamorado, se tienen que dar diversos factores para que la pareja se consolide:

- Tiene que pesar el componente erótico, es decir, hay que sentir atracción física por el otro.

- El acoplamiento sexual tiene que funcionar.

- Se debe producir comodidad relacional: no estar pendiente en todo momento de lo que dices y de lo que no, en definitiva, estar con la pareja sin dejar de ser tú misma.

- Sentir orgullo social, que te guste que te vean con la otra persona y no tengas que justificarte.

Los principales peligros de esta fase son un exceso de confianza –es un elemento importante, pero hay que evitar dar detalles sobre historias sexuales y afectivas anteriores–, los celos y la compatibilidad o no de caracteres.

Fase 2: acoplamiento

Cuando se sientan las bases de una relación hay 3 piezas que deben encajar. En primer lugar, el proyecto de vida debe ser convergente. Será muy difícil edificar una relación si en asuntos fundamentales como el matrimonio, las ganas de ser padres o el lugar de residencia hay desacuerdo. Por otro lado, la escala de valores tiene que estar alineada. Cuestiones como la tendencia política o las creencias deberían ir a la par y, por último, los caracteres tienen que tener cierto grado de compatibilidad.

En esta etapa la madurez de cada uno juega un papel fundamental, ya que, por ejemplo, permite armonizar caracteres que son diferentes. De hecho, una pareja funciona mejor si, aunque su personalidad sea distinta, el grado de madurez de sus miembros es alto.

Fase 3: familia

En el momento en el que aparte de ser pareja, se es familia, se tienen hijos y se estrecha la relación con los suegros, se pueden producir conflictos, como descuidar la relación con el otro por prestar más atención a los niños, o que el hombre se sienta entre la espada y la pared por un mal entendimiento entre esposa y suegra.

Para evitar crisis, hay que priorizar la familia nuclear: dar importancia a la familia que se ha creado por encima de los vínculos que existen con la familia de origen. Asimismo, la familia de origen tiene que ser una prioridad secundaria: cada miembro de la pareja puede continuar vinculado a ella, pero sin que la otra parte tenga que tener la misma relación. Para conseguirlo, hay que aceptar que no todas las actividades familiares deben hacerse de forma conjunta.