Felicidad e infelicidad son dos aspectos complementarios. Se trata de condiciones subjetivas, estados de ánimo que nacen de forma espontánea en nuestro interior y que se activan mediante pensamientos automáticos o acontecimientos externos que nos afectan emotivamente. Si queremos ocuparnos de nuestra felicidad, debemos comprender que hemos desarrollado la que yo llamo «una personalidad reactiva».

Las experiencias negativas del pasado

La mente reacciona de una forma defensiva cuando tienen lugar experiencias amenazantes o negativas, que crean convicciones en nuestro subconsciente. Las cuales, a su vez, influyen en todo lo que vivimos y en cómo lo vivimos, sobre todo emotivamente. Por esta razón, todas las experiencias que vivimos o por las que pasamos en la vida, se filtran mediante la luz de las experiencias del pasado. Vivencias que han creado y dejado un conjunto de creencias y convicciones subjetivas en nosotros.

Es comprensible que, si hemos tenido experiencias negativas, sobre todo siendo muy jóvenes, podamos haber madurado una actitud que nos lleva a creer que esas experiencias podrían volver a suceder y no esperar nada bueno de la vida. Se trata de una actitud defensiva que, a pesar de todo, podemos modificar si somos conscientes y nos conocemos a nosotros mismos más profundamente. Porque, para crear en nosotros el espacio para nuevas emociones o condiciones de felicidad, debemos hacer un poco de limpieza, eliminar las creencias y las convicciones derivadas de experiencias pasadas y que acaban por obstaculizar nuestra condición de felicidad.

El miedo a alcanzar la felicidad

También existe el miedo a ser feliz (cherofobia), un síndrome de origen traumático que impide que las emociones positivas lleguen a nosotros. De nuevo, se trata de una actitud defensiva causada por la asociación de nuestra felicidad a una condición de vulnerabilidad, en la que podría suceder algo negativo.

En este caso, también se trata de algo que tiene sus raíces en experiencias traumáticas del pasado. Tal vez algo negativo que sucedió, a la vez que una experiencia muy feliz. La mente acaba por asociar las dos cosas y se tiende a rechazar la felicidad, por miedo a que la misma situación pueda repetirse o que podamos ser castigados por nuestra condición de felicidad.

A todo esto, se suma una condición natural de la mente, que es la de tender siempre a lo negativo, por motivos defensivos y de supervivencia. La buena noticia es que todo esto se puede corregir a partir de la observación y la toma de consciencia de qué nos bloquea, del conocimiento de los pensamientos repetitivos que se activan en nosotros frente a acontecimientos aparentemente negativos, de una actitud más benevolente con nosotros mismos y con nuestros límites.

¿Cómo superarlo?

Alguien dijo que solo existen dos emociones, de las que derivan todas las demás: el miedo y el amor. En el amor, sobre todo en el amor por nosotros mismos, está la solución al miedo. Las dos cosas no pueden convivir.

Entrenar la mente

¿Qué es la mente negativa? Es un concepto relacionado con mecanismos arcaicos de supervivencia. Prestar atención a las cosas negativas debería servir para que estemos preparados en caso de peligro. Las investigaciones, no obstante, demuestran que no prestamos la misma importancia y atención a los acontecimientos positivos que a los negativos, y tampoco esperamos que los negativos sucedan tanto.

La ciencia nos enseña que nuestro cerebro crea nuevas células todos los días y sustituye las viejas. Este fenómeno natural se llama neuroplasticidad. Es lo que nos permite aprender estrategias nuevas y modificar nuestras convicciones e ideas respecto a las experiencias del pasado.

Nuestra mente creará una nueva experiencia de bienestar, que preferirá a las otras posibles emociones negativas, si la entrenamos para que sienta gratitud. ¿Cómo? Agradeciendo más las cosas positivas que vivimos, que quizás ya damos por sentado, a nosotros mismos, a los demás y a la vida. Y deberíamos repetir todo esto a diario. En pocas palabras, podemos entrenar a nuestra mente y estar cada día un poco más contentos de nosotros mismos y de nuestra vida, a pesar de todo.

Hábitos del bienestar

¿Qué hábitos deberíamos incluir en nuestra vida para mejorar nuestro bienestar? Ser agradecidos y más conscientes de todo lo bueno que hay en nuestras vidas. Tener salud tampoco es algo que dar por sentado, lo comprendemos cuando pasamos por una simple gripe que nos obliga a estar en cama. Todo lo demás desaparece y, simplemente, queremos curarnos.

Y luego está el afecto de quien nos quiere y muchas otras cosas que enriquecen nuestra vida ahora, en este preciso instante. Es como la historia de aquel mendigo que pedía limosna y que murió en la pobreza, pero que estaba sentado en una caja de monedas de oro, dentro de la cual nunca había mirado.