Piensa en el mejor momento de tu vida. Aquel que ha sido sinónimo de alegría. Seguramente éste tendrá que ver con la satisfacción de llegar a una meta que te marcaste. “Los mejores momentos suelen suceder cuando el cuerpo o la mente de una persona han llegado hasta su límite en un esfuerzo voluntario para conseguir algo difícil y que valiera la pena. Una experiencia óptima es algo que hacemos que suceda”, explicaba Mihaly Csikszentmihalyi, psicólogo de la Universidad de Chicago, en su libro Fluir. Una psicología de la felicidad. Él fue quien acuñó este término, fruto de años de investigación sobre miles de personas. Fluir es alcanzar ese estado mental en el que la persona está completamente absorta en una actividad con el único objetivo de la satisfacción y el placer de hacerla. Ese momento en el que el tiempo –literalmente– vuela. “Todos somos capaces de fluir; el problema es que mucha gente no encuentra actividades que realmente le apasionen, por lo tanto fluirán con menor frecuencia e intensidad. Pero, generalmente, casi todas las personas fluyen con algún tipo de tarea, ya sea cocinando, pintando, conversando, haciendo deporte o sencillamente trabajando”, explican la psicóloga Pilar Fernández Marín y la doctora María del Mar Morales Hevia, autoras de ¡Fluye! Vive la felicidad en el presente (Edaf).

Angustia por lo que pasará

El cerebro no viene de serie preparado para ser feliz, sino para sobrevivir, afirman ambas especialistas. “Por ello anda siempre alertándonos de posibles problemas que nos pueden surgir en ocasiones futuras. Anticipamos acontecimientos de forma catastrófica, a modo de entrenamiento, para estar preparados por lo que pudiera pasar, solo que no nos damos cuenta que estamos magnificando y distorsionando la situación de forma negativa. Es necesario anticipar de forma realista y positiva, y ocuparnos más del presente”, defienden. De hecho, si las cosas van mal dadas, también se puede fluir. “Cuando nos encontramos abatidos, más que en ningún momento debemos buscar posibilidades para fluir, pues ello nos recargará emocionalmente de forma positiva, renovaremos energía vital y nos sentiremos más animados y capaces para afrontar aquello que nos depare la vida. Podemos ser felices incluso cuando algunas cosas vayan mal. Fluir no es solo para los momentos favorables. Fluir es una experiencia de calidad que siempre hemos de llevar en la mochila”, establecen las dos especialistas. Y es que, tal y como afirma Csikszentmihalyi: “La razón más importante por la cual es tan difícil alcanzar la felicidad es que el universo no fue diseñado pensando en la comodidad de los seres humano”. Porque, añade: “Cómo nos sentimos, la alegría de vivir, dependen en último término y directamente de cómo la mente filtra e interpreta las experiencias cotidianas. Si somos o no felices depende de nuestra armonía interna y no del control que somos capaces de ejercer sobre las grandes fuerzas del universo”.

¿El fluir se puede entrenar?

La concentración es una atención centrada y mantenida, habilidad esencial para fluir y, en general, para realizar cualquier actividad de la vida. “Como todo entrenamiento, el de la atención requiere método y práctica. Esencialmente consiste en tres pasos: elegir a qué quiero prestar atención, darme cuenta de las distracciones y volver amablemente a dirigir la atención hacia la situación u objeto, como si se tratara de una linterna que ilumina aquello de lo que quiero darme cuenta”. Por ejemplo, para ese entrenamiento se eligen “sensaciones físicas de nuestro cuerpo, pues son las que nos anclan al presente, como la respiración o las sensaciones que entran por los sentidos”. Las autoras de ¡Fluye! recomiendan comenzar por un minuto de atención concentrada y si practicamos con asiduidad, comprobaremos que ese tiempo va en aumento y puede extenderse a otros aspectos de nuestra vida cotidiana. “Entonces, estaremos realmente presentes para dedicarnos con más plenitud a las actividades, autoconocimiento o relaciones interpersonales. Eso produce un mayor rendimiento, bienestar y felicidad”, remarcan.

Si esto pasa, fluirás

Para fluir se necesita equilibrio entre tus capacidades y el desafío que significa una actividad determinada. Si no hay motivación o no le das importancia, difícil. “La concentración es fundamental, que te absorba lo que haces. Igualmente, es recomendable un margen de libertad para hacerlo y ausencia de cansancio o malestar importante. Has de tener claras las metas de esa actividad, y mientras la practicas, recibir información sobre si el desarrollo es adecuado para ir reajustando y tener control de la situación”, cuentan Fernández y Morales. Y tales experiencias óptimas es mejor realizarlas porque las disfrutas, más que por recompensas externas.

¿Es la llave de la felicidad?

Si fluimos, ¿seremos felices? Si lo hacemos tendremos una de las llaves para serlo, pero no todas. “La felicidad se alimenta también de los recuerdos de logros del pasado y de proyectos estimulantes, así como de condiciones externas favorables”, responden. Para ellas, la felicidad es una cuestión compleja, “pero en ese puzzle es donde queremos encajar la importancia del fluir, que además depende casi por completo solo de nosotros. Mejora también nuestra autoestima porque ponemos a funcionar nuestras fortalezas. Tenemos muchos boletos para ganar felicidad. Fluir proporciona la felicidad de una buena vida comprometida y con sentido, complementaria de una legítima felicidad basada en el hedonismo, que busca placeres en el presente”.