Habrás escuchado mil veces que “comemos con los ojos”. Cuando vamos a comprar, muchas de nosotras escogemos un producto por su etiquetado o aspecto. Es decir, tomamos una decisión condicionada por lo que vemos o, mejor dicho, lo que quieren que veamos.

La industria se beneficia, sin importarle lo que está ofreciendo a la sociedad. Y, precisamente, esto nos repercute negativamente en nuestra salud y bienestar. Para evitarlo, debemos parar y observar con detalle las características de los alimentos. Empezar a valorar la calidad y composición del producto, influirá en cómo nos vamos a sentir después, más allá de la apariencia física.

En el momento de escoger qué comprar, uno de los puntos claves es fijarse en las grasas alimenticias que contiene el producto que buscamos, ya que su ingesta repercutirá en nuestro organismo y grasas corporales. Además, aunque comamos de forma saludable, si nos excedemos con las calorías, el cuerpo lo almacenará como grasa.

¿Quieres saber si te estás pasando?

Excederse o quedarse corto no es saludable. En el primer caso, se puede padecer sobrepeso o obesidad, hecho que comporta un aumento del riesgo de contraer enfermedades. Por otro lado, un déficit de grasa corporal comporta la falta de vitaminas solubles en grasa, las cuales no se podrán absorber, a falta de ella. Dado el caso, aumentará también la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, problemas gastrointestinales y podría dañarse el sistema nervioso y el sistema inmune.

Concretamente, el porcentaje de grasa corporal saludable en mujeres, se encuentra entre el 14% y el 31%, y el de hombres está entre el 6% y el 24%.

Existen seis tipos de grasa corporal:

Grasas esenciales: son las que ayudan al organismo a cumplir el desarrollo de las funciones vitales, para que todo funcione correctamente.

Gracias a ellas, el cuerpo puede proteger los órganos, cubrir las articulaciones, almacenar las vitaminas y mantener una adecuada temperatura. Asimismo, también se obtiene la energía que necesita día a día. 

Las grasas esenciales residen en los huesos, los órganos, el sistema nervioso central y los músculos.

Grasas no esenciales: estas son concebidas como grasa corporal en exceso y son adicionales. 

Se localizan en el mismo lugar que la energía que utilizamos como alimento durante la inanición; es decir, mientras no disponemos de los nutrientes, vitaminas y energía que necesita nuestro cuerpo.

Cuando la cantidad de grasa no esencial es demasiado alta, perjudicamos nuestra salud y aumentamos el riesgo de padecer obesidad, enfermedades cardíacas y diabetes.

Grasa blanca: es la que se almacena en los depósitos de grasa del cuerpo. El organismo, la utiliza para obtener energía. La grasa blanca, si se acumula en exceso, puede ser problemática. Esto sucede cuando consumimos más calorías de las que quemamos.

Grasa parda, marrón o beige: son grasas que estimulan el gasto energético y ayudan a quemar las calorías que ingerimos de más. Cuando hace frío, este tipo de grasa se activa y genera calor para mantener la temperatura corporal. Si quieres perder peso, activa la grasa parda, ya que quemará la grasa blanca y, de este modo, adelgazarás.

Grasa subcutánea: es la grasa que se almacena debajo de la piel, por encima del músculo, y da un aspecto blando al cuerpo. Por esto, se suele relacionar con una figura antiestética. No obstante, se considera inofensiva y, incluso, se relaciona con la prevención de enfermedades.

Grasa visceral: es la grasa blanca que se almacena dentro de la cavidad abdominal, y alrededor de algunos órganos como el hígado, el páncreas, el corazón o los intestinos. Para eliminarla, se recomienda realizar una dieta rica en alimentos sin refinar, proteína, ácidos grasos insaturados, granos enteros y fibra.

Las grasas alimenticias

Para cuidarnos y mantener un estilo de vida saludable, es fundamental fijarnos en las grasas que contienen los alimentos que compramos. Las grasas alimenticias serán las que provocarán cambios en el organismo y favorecerán, o no, nuestro bienestar.

En los alimentos, existen grasas buenas y malas, las cuales se reflejarán en nuestras grasas corporales.

Grasas saludables

Entre las grasas buenas, se encuentran: los ácidos grasos monoinsaturados, los ácidos grasos poliinsaturados y los ácidos grasos omega-3 y omega-6. Al consumirlas, se reduce el riesgo de padecer enfermedades del corazón y diabetes, debido a que se mejoran los niveles de insulina y el control de la glucemia.

¿En qué alimentos las encontramos?

  • Pescados azules: salmón, caballa, atún, bonito, anchoas, sardinas
  • Aceites de origen vegetal o de semillas: maíz, girasol, cártamo, germen de trigo, pepita de uva, borraja y cacahuete o maní
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Aceites de canola, de lino y de soja
  • Cereales
  • Carne de cerdo
  • Trucha
  • Sardinas
  • Arenque
  • Semillas de lino molida
  • Frutos secos
  • Aceitunas
  • Aguacate
  • Legumbres oleosas (cacahuate, soja)
  • Semillas de nueces, de calabaza Butternut y de girasol

Grasas perjudiciales

Las grasas malas son las saturadas y las trans, las cuales debemos reducir y evitar, respectivamente.

Debemos limitar las grasas saturadas, las cuales abundan en los alimentos de origen animal y en los derivados de la grasa de los animales o la misma piel que reside en su interior. Las grasas de origen vegetal, también se incluyen en esta lista.

Aquí puedes ver qué alimentos deberías descartar:

  • Carnes
  • Vísceras
  • Embutidos
  • Piel de pollo
  • Huevos
  • Lácteos enteros
  • Nata
  • Mantequilla
  • Yema de huevo
  • Aceite de coco
  • Aceite de palma
  • Chocolate
  • Pasteles
  • Bollería

Por lo que hace a las grasas trans, encontradas bajo nombres como “grasas hidrogenadas” o “aceite vegetal hidrogenado”, predominan en los alimentos procesados y ultraprocesados.

A continuación, incluimos el listado de lo que no debemos añadir a nuestro carro de la compra:

  • Galletas
  • Snacks comerciales
  • Barritas de granola
  • Margarinas
  • Patatas chips
  • Pastelería
  • Bollería industrial
  • Frituras industriales o de los fast food