“Dolor”, “temor opresivo sin causa precisa”, “sofoco, sensación de opresión en la región torácica o abdominal”, son algunos de los significados de angustia. Esta emoción, muy parecida a la ansiedad, combina malestar anímico en forma de preocupación y miedo con síntomas como opresión en el pecho o ahogo. Y en casos extremos, se manifiesta de forma tan potente, mediante crisis de pánico, que la persona que la sufre llega a pensar que morirá.

La angustia siempre se da ante algo (un mal, una enfermedad) o a causa de algo (una pérdida, una separación…), es decir, cuando a lo largo de la vida surgen fuentes de estrés con las que se tiene que ir lidiando. Lo explican los psicólogos clínicos Ernesto López y Miguel Costa en Si la vida nos da limones, hagamos limonada (Pirámide), un libro en el que destacan la importancia de definir con detalle qué es aquello que produce miedo, molestias físicas y ansiedad.

Mediante la escritura, plasmar en el papel las circunstancias que producen estrés es una manera de tomar conciencia de lo que te pasa y un buen recurso para impedir que la angustia se te coma.

1. Identifica las circunstancias que son para ti fuente de estrés. Debes hacerlo del modo más específico, con pelos y señales, describiendo el cómo y el cuándo.

2. Indica con un número con qué frecuencia te ves expuesta a esas situaciones: 5 puede ser muy a menudo, y 1, muy pocas veces.

3. Anota qué diálogo tienes contigo misma en esos momentos. Por ejemplo, si te da miedo volar y te dices que no puedes viajar porque sería horrible que el avión hiciera un aterrizaje de emergencia.

4. Describe el impacto emocional de cada circunstancia: “Me da mucho pánico”, “siento rabia”...

5. Apunta la intensidad de la emoción anterior valorándola con un número del 1 al 10.

6. Anota las reacciones fisiológicas: “Me duele la cabeza”, “estoy agotada”...

7. Señala lo que sueles hacer en esas situaciones: evitar lo que te da miedo hacer, fumar o beber, trabajar demasiado, ir de un lado a otro…

8. Detalla las consecuencias de los puntos anteriores, por ejemplo, si trabajas demasiado y sigues sin saber decir que no a tareas y te sobrecargas.