Un brócoli al vapor o un pescado a la plancha no parecen, a priori, un festival de sabores para tu paladar. Se suele asociar la alimentación sana a comida desaborida, frente a bombas de sabor –y de calorías– como la bollería, la pizza o la hamburguesa. Sin embargo, comer de forma saludable y satisfacer el sentido del gusto es posible revisando hábitos, aplicando trucos fáciles en la cocina y, sobre todo, desterrando de la despensa aquellos alimentos y sustancias que tienen más perjuicios que bondades para tu salud. Te contamos 5 cosas que puedes dejar de hacer para conseguirlo.

1. Sucumbir al picoteo

Intenta ceñirte a la consabida recomendación de realizar cinco comidas a lo largo del día. La comida y la cena son las principales y deberían tener aproximadamente 600 calorías –el consejo habitual para un adulto con un buen estado de salud–. Puedes preparar recetas sencillas y saludables que no te robarán más de 15 minutos y son aptas para cocineros inexpertos. De esta forma controlarás el apetito feroz entre horas y picar cualquier cosa.

2. Improvisar la compra

La alimentación sana empieza por hacer la elección correcta al llenar la cesta de la compra. Haz siempre una lista antes de ir a comprar y evita salir de casa con hambre para frenar los impulsos. Las frutas y verduras son alimentos que deberías asegurar en tu día a día, no sólo para mantener la línea, sino porque una dieta insalubre, junto a la falta de ejercicio físico, es uno de los mayores factores de riesgo para la salud, tal y como señala la Organización Mundial de la Salud (OMS).  

3. Tomar demasiado azúcar

Las confirmaciones sobre los riesgos del azúcar en la salud suben como la espuma y no es para menos: un consumo abusivo se relaciona con enfermedades como la diabetes tipo 2, la obesidad, el sobrepeso y la caries. Además, es una sustancia que tendrías que restringir o evitar si buscas perder peso: el azúcar blanco de mesa o el añadido a alimentos como las bebidas refrescantes o la salsa de tomate tiene un nivel calórico alto y se convierte rápidamente en grasa. La OMS fija su consumo diario en 50 g, no obstante, existen edulcorantes alternativos para conseguir eliminarlo de la dieta. 

4. Cocinar sin especias y hierbas aromáticas

Sin duda la sal es el condimento por excelencia en la cocina, pero echar mucha mano del salero conlleva riesgos: su consumo excesivo se asocia a la hipertensión y a problemas cardiovasculares como el infarto. De hecho, las personas que tienen la tensión alta deben suprimir la sal de la dieta. Las especias son una buena alternativa para aderezar tus platos, con beneficios y sin peligro alguno para tu salud. El cilantro, por ejemplo, da el toque de sabor intenso al guacamole –un buen plato para un picoteo sano– y la cúrcuma, un aderezo que suma adeptos, es el ingrediente principal de la reina de las bebidas con etiqueta healthy que reconforta en cualquier momento del día.

5. Engullir la comida

Tan importante es lo que comes, como la forma en la que lo haces. Comer es un placer, así que recréate en ello. Si masticas 40 veces cada bocado reducirás la grelina, la hormona relacionada con la sensación de apetito, y a la vez favorecerás la absorción de micronutrientes esenciales para el organismo, tal y como señala un estudio de la Universidad de Iowa (EE. UU.). Tampoco se trata de que cuentes las veces una a una, sino de saborear la comida y ejercitar la mandíbula.