En el país nipón hay más de 65.000 personas que ya han cumplido 100 años o más. Estos datos han situado a Japón en el primer puesto del podio en lo que a longevidad se refiere, tal y como indica la Organización Mundial de la Salud, que en 2015 cifró la esperanza de vida media de los japoneses en 80 años para los hombres y 86 para las mujeres.

¿Cómo comen?, ¿cuánto duermen? y ¿a qué se dedican los japoneses? son algunos interrogantes a los que da respuesta el libro El método japonés para vivir 100 años (Planeta). En esta obra, la periodista nipona Junko Takahashi, a través de entrevistas a japoneses centenarios, profesionales de la salud y haciendo un recorrido por la historia del país, da las claves del estilo de vida japonés para sumar salud, dinero y amor durante un siglo y más allá.

Alimentación baja en grasas

Los alimentos ligeros y sanos son una de las insignias de la comida japonesa, que según expone la autora, aporta muchas menos grasas que la de otros países, y destaca que el porcentaje de lípidos –grasas– consumidas a diario en España es del 47,7 % frente al 28,6 % registrado en Japón.

Uno de los motivos que explica que su dieta sea baja en grasas es que los japoneses consumen mucha más proteína vegetal mediante alimentos como el tofu, el miso o el natto (soja fermentada). No obstante, Takahashi también señala que el consumo de carne es beneficioso en su justa medida y un buen aliado contra la falta de hierro y la anemia, sobre todo en edades avanzadas.

Otras de las bases de su alimentación es masticar bien la comida –al menos 30 veces–, comer de forma regular y optar siempre por un alto consumo de alimentos frescos y de temporada. También apunta que la alimentación nos nutre, pero no hay que olvidar que es una forma de disfrute, y si la salud lo permite, debemos darnos el capricho de gozar de vez en cuando con placeres como un sorbo de vino o licor.

Entrenamiento para el cuerpo y la mente

Otro de los pilares de la longevidad nipona es la actividad física. Y no es necesario machacarse con ejercicio intenso en el gimnasio para tener buena salud. Caminar a diario, usar las escaleras e incluso realizar las tareas domésticas con energía son actividades que nos ayudan a fortalecer el cuerpo.

Para los japoneses, el ejercicio no debe restringirse a una vertiente física. La mente también necesita actividad para evolucionar, cultivar la memoria y la concentración. Leer el periódico en voz alta, escribir caracteres chinos o copiar mantras budistas son algunas de las actividades que practican los protagonistas del libro para mantener el cerebro activo.

Un trabajo a medida

Encontrar la propia vocación es algo que puede llevarnos de cabeza toda la vida y que, en muchos casos, implica una reflexión a conciencia, conocerse a uno mismo y elegir el camino profesional adecuado a nuestra personalidad y capacidades. Sabedores de esto, los centenarios nipones tienen en común el hecho de dedicarse a un trabajo que les gusta y les permite compartir su sabiduría con los demás.

Otros de los consejos que aportan los japoneses longevos para aplicar en el terreno profesional se basa en aceptarnos y darnos cuenta de que es imposible controlar todo lo que ocurre: las cosas siguen su curso natural, y cometer errores es signo de sabieza, permite rectificar, mejorar y plantearse nuevos desafíos.

Siempre a tiempo para el amor

Países, colectivos, personas… Todos ellos contribuyen a configurar una receta propia de la felicidad. Y en la mayoría de estas fórmulas, uno de los ingredientes incuestionables es dar y recibir amor. Dedicar tiempo a nuestros seres queridos es una de las mejores inversiones que podemos hacer a lo largo de la vida.

La autora explica que los centenarios que entrevistó se mostraron muy incómodos al reflexionar sobre el amor –la discreción y la contención a la hora de expresar las emociones es un rasgo distintivo en los japoneses–. Pero Takahashi, tras sus investigaciones en materia de relaciones personales y salud, aboga por ser valiente y compartir los sentimientos más íntimos. Y en cuanto a las relaciones amorosas, recuerda, a través de experiencias en el libro, que nunca es tarde para enamorarse, al contrario, siempre puede ser un buen momento.