Debemos saber si el apetito es real y responde a una necesidad fisiológica o si con él buscamos compensar una emoción negativa. Lo más importante es reconocer si este problema perdura en el tiempo y nos controla la vida ya que si es así, lo mejor es acudir a un psicólogo especialista para que trabajar en terapia. Aún así, te podemos dejar algunas ideas para que puedas intuir y diferenciar cuando sientes hambre de verdad, física, es decir, cuando tu cuerpo necesita una ingesta de calorías de cuando es un hambre que aparece debido a las emociones que sientes en un momento concreto.

El hambre física  se da de manera gradual y progresiva ya que el apetito, cuando responde a una necesidad real de tu cuerpo, no aparece de golpe. Además, este tipo de hambre se rige por horarios regulares de ingesta y se dispara antes de las horas en las que solemos desayunar, comer o cenar. El hambre física le pedirá a tu cuerpo opciones saludables y normales de ingesta en cualquiera de las tres principales comidas del día. Si no ha llegado la hora de comer o la comida no está preparada, la sensación de hambre puede esperar y normalmente, una persona sana puede controlar esa sensación. Muchas veces, sabemos que sentimos hambre de verdad y que necesitamos comer cuando nuestro estómago nos lo pide haciendo ese ruido que todos conocemos. En ese momento sabrás que de verdad, tienes hambre y que necesitas hacer una ingesta. Lo último que debes saber para detectar el hambre física es que, tu mecanismo de saciedad interna funciona correctamente y que por lo tanto, cuando ya hayas comido lo suficiente, el cerebro avisa de que es el momento de dejar de comer para no sentirnos mal físicamente después.

En cambio, el hambre emocional aparece repentinamente, sin previo aviso. De golpe sentimos un gran apetito que está asociado, aunque no lo detectemos, a ciertos estados emocionales. Comer es una reacción a situaciones de tristeza, cansancio o sentimiento de culpa. En la comida se busca un desahogo para esas emociones. El hambre emocional solo contempla determinados alimentos como los hidratos de carbono, la bollería, el pan, la pizza o el helado son los más habituales. El hambre emocional, suele aparecer también, entre horas; es decir, después de desayunar, comer o cenar y por eso optamos por alimentos poco saludables, altos en calorías y que nos “llenen” ese vacío emocional que sentimos en determinado momento.  No suele acudir a nosotros durante una de las comidas importantes del día. El hambre emocional no puede esperar y se sigue comiendo más allá de la saciedad. Cuando aparece este tipo de hambre es importante buscar un plan b y pensar en otras estrategias de regulación emocional que no pasen por la comida. Para ello, si la cosa va a más o se pone seria, es indispensable acudir a un especialista.