La indefensión aprendida es un tipo de comportamiento que aparece cuando una persona es incapaz de reaccionar frente a situaciones dolorosas. La persona empieza a creer que no tiene control alguno sobre la situación que le está causando daño físico y/o psicológico, por lo que se inhibe mostrando pasividad para modificar las cosas.

Con el paso de los años, y los sucesivos estudios que se han hecho al respecto, se ha podido demostrar que los seres humanos cuando han estado expuestos a acontecimientos desastrosos o castigos reiterados, que parecen aleatorios e inevitables, aparece en ellos una sensación de impotencia que les hace creer que no pueden mejorar las circunstancias, se sienten incapaces de cambiar lo que ocurre a su alrededor.

Averiguar el motivo por el que esta indefensión se ha arraigado en sus vidas resulta de vital importancia para ayudarlos en su camino de crecimiento personal, y aquí la psicología juega un papel importante, ya que no es lo mismo que uno adopte el rol víctima porque se deje llevar y no quiera asumir las riendas de su vida, que serlo porque haya un problema emocional de base que le impida ver que hay otra vida al otro lado del miedo.

 

Entre las circunstancias vitales que llevan a la persona a manifestar indefensión aprendida encontramos:

  • Personas afectadas por violencia física y/o psicológica. Como consecuencia del desgaste psicológico que provoca la continua exposición al maltrato, la víctima se siente desamparada e incapaz de alcanzar metas vitales. Presentan un estado de ausencia total de motivación. Siente que no tiene el control y por tanto todo lo que haga resultará inútil.
     
  • Personas que viven en entornos excesivamente controlados. Un ejemplo lo encontramos en la sobreprotección que algunos padres o madres ejercen sobre sus hijos, lo que coarta el desarrollo de sus capacidades y habilidades emocionales.
     
  • Mensajes que hemos recibido desde la infancia. Si ya desde temprana edad lo que escucho son estímulos como: «tú no puedes», «no vales», «déjame a mí que tú no sabes»… el resultado que obtendré, en la etapa adulta, es una autoestima nula.
     
  • Ausencia de orden lógico en las acciones de otros. Un ejemplo claro lo encontramos en los casos de bullying (acoso escolar) o mobbing (acoso laboral). La víctima no encuentra una razón que explique el porqué está siendo increpada o atacada, por lo que la sensación de incertidumbre, falta de control e indefensión es realmente notable. 
     
  • El fracaso continuado hace que la persona desista, se rinda y crea que haga lo que haga nunca conseguirá sus metas.
     

indefension aprendida incapacidad de enfrentarse al dolor
 

Si bien, no podemos cambiar a los demás y/o las circunstancias, siempre tenemos el poder de elegir cómo queremos vivir. De ahí la importancia de la actitud que comentaba al principio. Debemos de abandonar el rol de víctimas para adoptar el de protagonistas de nuestra vida.

Se considera protagonista a aquella persona que lidera su vida, que vive desde su auténtico ser y que, a pesar de los obstáculos y dificultades, afronta los desafíos con responsabilidad y voluntad de superación, eligiendo, siempre ella, cómo quiere vivir su propia existencia.

Eso sí, tenemos que ser conscientes de que elegir qué hacer y cuándo hacerlo provoca que nos sintamos ansiosos ante la incertidumbre y la falta de control sobre el futuro, ahora bien, si permaneciésemos siempre en el mismo sitio estaríamos supeditando nuestra vida en pro de un tirano que manejase nuestros hilos: acepto entregar mi vida y ser una víctima para siempre con tal de no tener que sufrir la ansiedad de elegir. ¿Es eso lo que quieres?

La mejor manera de evitar la indefensión aprendida es lo que se conoce con el nombre de resiliencia. Capacidad que tiene la persona de afrontar la adversidad y lograr adaptarse bien a traumas, tragedias, amenazas o fuentes de estrés severo como pueden ser los problemas de salud, familiares, económicos, etc. El término resiliencia procede de la palabra resilio que significa “rebotar”, entendiendo rebotar como la capacidad de coger impulso tras una caída.

 

Tres puntos la determinan:

  • Aceptación. Es la clave de la felicidad. Debemos asumir lo que acontece en nuestra vida como parte de nuestro desarrollo. Todo suma, ya que supone un aprendizaje necesario para la adaptación al medio y por ende para nuestra supervivencia.
     
  • Actitud positiva. Se trata de ver dentro del malestar la oportunidad de renacer.
     
  • Afrontar los miedos. El miedo, necesario como mecanismo de defensa que nos alerta de un peligro, se convierte en limitador cuando no existe un riesgo o una amenaza real, por lo que afrontarlo e impedir que el miedo dirija nuestras vidas hará que nos liberemos de la tensión emocional asociada al mismo, ganando así en confianza y seguridad.
     

¿Dispuesta a intentarlo?