«Este libro está escrito para todos aquellos que alguna vez han dicho “no puedo más” o “me falta el aire” en esta época llena de tensiones en la que todo va demasiado rápido y en la que no cabe la opción de parar». Toda una declaración de intenciones la de Kankyo Tannier, monja budista y autora de La Magia del Silencio (Planeta).

Ella predica con el ejemplo y practica el silencio desde hace varios años en una idílica cabaña en los bosques de Alsacia, en plena conexión con la naturaleza y los animales. Kankyo parte de esa extraordinaria experiencia, nos enseña a incorporar la magia del silencio (espiritual y físico) en nuestro día a día y nos ayuda a mejorar nuestro estado interior sin necesidad de cambiar nuestra vida.

 

Quedarnos en casa a solas, sin nada esencial que hacer, da vértigo. Como si nos estuvieran encerrando.

De entrada, esto no es un período de reclusión. Podemos salir a dar pequeños paseos al exterior, aunque el grueso del tiempo estemos en casa, relajando, buscando esa calma. Si vives en una gran ciudad, llena de estímulos, pasar mucho tiempo en la calle no te pone en situación de encontrar el silencio, más bien, lo contrario.


¿Qué le dirías a aquellas personas para las que el hecho de quedarse entre cuatro paredes, aunque sean las suyas, les genera ansiedad?

Lo entiendo. Yo relato en el libro que me resulta relajante asomarme a la ventana y perder la mirada en el paisaje sin límite de tiempo. Pero comprendo que a algunas personas les pueda agobiar. Este tipo de personas, más nerviosas, pueden encontrar esa calma en otros ejercicios como salir al campo, estar con animales…
 

Entonces, ¿no es para todos?

Sí, pero no como primer ejercicio. Cuanto mejor te conoces, menos miedo te da quedarte a solas contigo misma. Fíjate que hablamos de quedarte en ese entorno familiar y seguro que es tu propia casa, pero puede llevar tiempo asimilar esa soledad como algo positivo. Entonces ya estarás preparada para quedarte en casa, relajar, disfrutar de ese retiro y no subirte por las paredes. 
 

Llama la atención que en ese pequeño período de aislamiento das importancia a la comida, a su preparación y consumo.

Quedarse en casa no significa permanecer inmóvil durante horas, menos aún durante días. Es desconectar del exterior, de la rutina estresante y asomarte al interior. Por supuesto, la meditación sí que es algo que haremos quietos, pero hay otras muchas actividades que podemos y debemos hacer con ganas, conscientes de cada paso. Por ejemplo, preparar la comida. Y aprovechar para comer bien y saludable.
 

Que precisamente es lo que no hacemos. Ese tipo de cosas son las que hacemos mecánicamente.

Y ese es nuestro error, ir por la vida atropelladas y como si estuviéramos de paso. Al final no disfrutamos de nada. Esperamos las grandes cosas y nos olvidamos de los pequeños placeres, que son lo que llenan nuestra vida cotidiana.
 

Entonces, ¿debemos cocinar despacio?

¡No, en absoluto! Cada cual tiene su ritmo, unos irán más rápidos y otros más lentos. Eso ya es cosa de cada personalidad.
 

¿Podemos hacer las cosas de la cocina rápido y ser conscientes de ello?

¡Pues claro! ¿Has visto a esos cocineros que cortan verduras a toda velocidad? Ser consciente no tiene nada que ver con la velocidad sino con el modo de hacer las cosas. Y lo mismo para comer. Degustar cada bocado requiere un tiempo, pero no quiero decir que haya que tardar media hora con cada bocado.

 

Si te has convencido y quieres disfrutar de un día de silencio solo para ti... Kankyo Tannier te explica cómo hacer un détox de silencio sin salir de casa.