Los buenos modales
Imprescindibles. Son el lubricante de las relaciones sociales. "Por favor" y "gracias" son las dos expresiones mágicas. Entre la buena educación está ceder el paso, ayudar a cargar con bultos, preocuparse por el confort de los demás y no molestar con nuestras palabras, gestos, olor, manías o carencias. La buena educación requiere una atención constante pero con la práctica se convierte en un hábito, en una forma de ser, que nos hace la vida más agradable. A todos.

 

 

Cordialidad
Y simpatía. Saludar a todo el mundo por sistema. Mantener una actitud positiva, estar abierta a nuevas relaciones, transmitir alegría, interesarse por los demás... Procurar tener sentido del humor, aunque solo sea para hacer sonreír a una compañera o para aliviar momentos de tensión.

Habilidad para conversar
Que no significa hablar todo el tiempo, sino escuchar sin interrumpir, hablar del tema que se está tratando y no solo de lo que a ti te interesa, no andarte por las ramas, captar las reacciones de los demás ante tus palabras. Presta especial atención a estos puntos en una reunión de trabajo. Si moderas la reunión, procura que los asistentes sigan estas pautas. Será mucho más productiva. Conversar es dialogar, no "monologar".

Preguntas acertadas
Las preguntas que hacemos revelan cómo somos. Fíjate en que las preguntas que hace un superior a un subordinado son reflejo de cómo el jefe valora a este empleado, del grado de confianza que le tiene. Si no hay preguntas, la comunicación es unidireccional y al perdernos la oportunidad de conocer la opinión del otro, damos una imagen de prepotencia. No se trata de interrogar a nadie sino de demostrar interés, obtener la información que te falta, ayudar al otro a que se explique mejor, guiar la conversación o centrar el tema.

Elogios
Los justos. Y adecuados. En la empresa, elogiar el trabajo, el esfuerzo, las buenas prácticas es una forma de motivar a las personas y a los equipos. Un elogio es una forma de reconocer y de agradecer. Para que surtan efecto tienen que ser sinceros y concretos. Evita los elogios sobre el atractivo o la inteligencia de una persona, pues esto no es ningún mérito; céntrate en destacar los esfuerzos y el progreso que has equipo. Valora su implicación en el proyecto.

Aceptación de las críticas
Ante una crítica la reacción emocional no nos deja ver el regalo que representa. Nos ponemos rápidamente a la defensiva y solemos justificarnos. Hay que tratarlas de una forma más inteligente. Primero vemos quién nos está evaluando y qué pretende con ello. En segundo lugar, podemos considerar este comentario como una oportunidad para aprender. En tercer lugar, con una reacción abierta y de interés para mejorar, mostramos que somos buenas profesionales, con seguridad en nosotras mismas.


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