Fumar, no moverse y seguir una dieta inadecuada constituyen el tridente que más perjudica a nuestra salud. Son, sin duda, los grandes enemigos de nuestro corazón y de los cardiólogos. A partir de ahora y gracias a las conclusiones del Colegio Americano de Cardiología si un paciente es reacio a hacer un cambio radical en su estilo de vida, se le podrá argumentar que tan sólo mejorando su dieta y adoptando las bases de una cocina mediterránea el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular baja un 47%, es decir prácticamente se reduce a la mitad. ¿No es un gran argumento para dejar los fritos y las grasas y pasarse a los vegetales y al pescado?

La dieta mediterránea se basa en el consumo de frutas, verduras y legumbres y buena parte de ellas se ingieren en crudo en ensaladas aliñadas con aceite de oliva. El consumo de pescado, frutos secos, carnes blancas es otra de las características de esta dieta que incluso es ya patrimonio de la Humanidad según la Unesco.

Las bondades del aceite de oliva de primera calidad también son importantes y van desde la capacidad para rebajar el colesterol malo (el LDL ) a reducir el riesgo de fibrilación auricular, un tipo de arritmia que afecta a una de cada cuatro personas.

El estudio se llevó a cabo en Grecia, epicentro junto con Italia y España de este tipo de alimentación. Los investigadores también demostraron que la dieta mediterránea además de beneficios directos para la salud del corazón, posee también beneficios indirectos para la diabetes, la hipertensión arterial y la inflamación.