La frugívora es una variante de la dieta vegetariana. Al igual que en la dieta crudívora, los seguidores de la dieta frugívora no cocinan los alimentos que consumen pero además reducen notablemente la variedad de su dieta, ya que sólo se alimentan de frutos secos, semillas, fruta fresca de temporada, algunos tubérculos como los nabos, la remolacha o la zanahoria, algunas hortalizas como los tomates y poco más.

Esta elección de alimentación no cubre todas las necesidades de los diferentes nutrientes que necesita nuestro cuerpo, de hecho, algunos de los seguidores de esta dieta son éticamente más estrictos y también eliminan de su dieta aquellos alimentos en los que se deba matar la planta para su consumo. Por tanto sóo comen aquellos frutos que caen por sí solos de la planta.

Los más radicales no admiten el cultivo de ningún alimento, puesto que lo consideran un maltrato a la tierra y a la naturaleza. Las dietas tan restrictivas pueden provocar una severa desnutrición energético-proteica, diversas anemias y enfermedades producidas por estas importantes carencias nutricionales, además de ser un factor de riesgo para desencadenar trastornos de comportamiento, tanto en la alimentación como a nivel social.