Carlos Ruiz Zafón se siente “agradecido y afortunado”. El escritor barcelonés, afincado en Los Ángeles y en el éxito desde 2001, acaba de poner fin a una de las sagas literarias que mayor éxito han cosechado. Sobre su temprano impulso creativo – “salí así de fábrica, me temo”– y su oficio reflexiona con nosotros. 

El cuarteto de el Cementerio de los Libros Olvidados se puede leer de forma independiente, aunque con historias y personajes entrelazados. ¿Cuánto le ha costado escribir esta última novela?  

Ha resultado quizás la más compleja, porque además de las dificultades propias del libro en sí, se unían las de ser la piedra de encaje que cerraba y resolvía el mecanismo del laberinto de historias. La escritura en sí del libro me ha llevado unos tres años, con un año más de propina al inicio de pensar y proyectarla. 

¿Cuál es el objetivo de El laberinto de los espíritus? ¿Siente que lo ha cumplido? 

Mi objetivo era, como siempre, contar una historia del mejor modo que fuera capaz, crear algo que mereciese el tiempo y el interés de los lectores y en este caso, cerrar un universo narrativo en el que llevaba 15 años trabajando. De lo primero los jueces serán los lectores y de lo segundo, sí, creo que he cumplido con aquello que me había propuesto y que por fin esta serie es lo que siempre soñé que pudiera ser. Ojalá los lectores también lo sientan así y disfruten de ella. 

Al terminar, ¿le invadió la nostalgia? 

Más bien una sensación de paz interior, de satisfacción por el trabajo hecho.  

Cuando gestó la idea de La sombra del viento, ¿pensó en crear una saga? 

Sí, mi ambición original siempre fue el crear un gran laberinto de narraciones, personajes y mundos con cuatro puertas de entrada, cuatro novelas interconectadas que sirvieran al lector como caminos desde los que explorar este universo. Lo que no pensé es que me llevaría tanto tiempo completar el proyecto... 

El libro y Barcelona son los grandes protagonista de sus obras. ¿Se imagina sus futuras novelas sin ambos? 

Sí, por supuesto. El mundo es grande y hay muchos temas por explorar, aunque tampoco por ello voy a vetarlos ni a huir de ellos. La literatura es mi profesión, mi modo de vida, y es normal que aparezca en mi trabajo y Barcelona es un universo de posibilidades infinitas con el que no creo haber acabado. 

Stephen King ha dicho: “Llevo años tratando de demostrar que soy un escritor popular, pero serio. A veces es verdad que lo que vende mucho es malo. Pero La sombra del viento, de Ruiz Zafón, es bueno, y Umberto Eco ha sido popular y es estupendo. La popularidad no siempre significa que algo sea malo”. ¿Qué opina? 

Desde que era un niño he leído y escuchado comentarios esnobs, ignorantes y mezquinos sobre Stephen King. Muchos los motiva la envidia, la estupidez, turbios intereses personales y esa basura miserable que algunas personas llevan dentro y les hace querer mirar siempre a los demás por encima del hombro, hablar de ellos en tono condescendiente y expresar una especie de desprecio for zado, de cara a la galería, como si quieran demostrarnos a todos lo exquisitos y encantados de haberse conocido que se sienten. La gente pequeña siempre quiere empequeñecer a los demás. Stephen King, amén de un genio y uno de los más grandes narradores de la historia en cualquier género o medio, es muy suave al ironizar sobre toda orquestilla de eunucos. De ellos y de sus empeños por afearle su éxito poco queda y menos quedará. La obra de Mr. King es inmortal. El tema se comenta a sí mismo. 

Dejar un libro a medias siempre me ha producido tristeza, pero la vida es breve y hay mucho de bueno por leer

¿Cree que esta obra va a responder a las expectativas que hay depositadas? 

Eso les corresponde a ellos decidirlo. Yo solo puedo decir que le he puesto todo el esfuerzo y todo el oficio del que he sido capaz, con ilusión y con trabajo. 

¿Para quién escribe? 

Todos los escritores escriben para sí mismos y para aquellos lectores que aprecian su trabajo. La literatura es, entre otras muchas cosas, comunicación. 

¿Es usted disciplinado con la escritura? He leído que componer música le ayuda. 

Sí, lo soy. Escribir es una profesión, un oficio, y como tal requiere disciplina y aplicación, como cualquier otro. La música es mi hobby, algo que me llena enormemente y me permite aligerar la presión durante el proceso creativo, explorando otros caminos, otras vías de encontrar soluciones a la historia. 

Un editor le dijo una vez que no tuviese prisa. ¿Le hizo caso? 

Me lo dijo cuando tenía 15 o 16 años, creo. En aquel momento no era lo que quería oír, por supuesto, pero sí lo que necesitaba oír. Y con el tiempo le hice caso y no intenté volver a publicar nada hasta diez años después y decidí dedicar esos años a aprender, a experimentar y a escribir muchas páginas que nadie iba nunca a leer pero que eran necesarias para llegar a poder escribir una que mereciese ser publicada. 

¿Sigue recomendaciones a la hora de elegir sus lecturas? Por cierto, ¿alguna vez ha dejado un libro a medias? 

Sí, escucho las recomendaciones de aquellos lectores en cuyo criterio confío. He dejado bastantes libros a medias, sí. Siempre es algo que me produce cierta tristeza, pero la vida es breve y hay mucho de bueno por leer. A veces un libro no es para uno y es mejor dejarlo ir y dejarle ir al encuentro de su lector ideal. 

Dice la escritora Joy Carol Oates que cuando va en bicicleta piensa sobre lo que escribe y que eso también lo considera escribir. ¿A usted también le pasa? 

Un escritor trabaja las 24 horas del día en el proyecto que le ocupa, este en la mesa de trabajo, en la bicicleta o incluso durmiendo, porque el cerebro nunca deja de computar y funcionar. 

El destino de un libro está en los lectores. ¿Y el suyo? 

El mío, como el de todos, esta a medio camino entre mis manos, mis acciones y el azar de la vida.