1.Necesidad de agradar a los demás. Desde pequeños aprendemos que si somos buenos o, mejor aún, perfectos, recibimos amor, atención, cariño, respeto? Recompensas que tratamos de lograr también en nuestra edad adulta. A menudo, las personas perfeccionistas buscan la seguridad en mantener su imagen o reputación intactas.

2. La paradoja de la crítica y el juicio.
Juzgar a los demás es un mecanismo de defensa muy común, rechazamos en los demás lo que no podemos aceptar de nosotros mismos. Es una conducta muy extendida entre los perfeccionistas, cuya exigencia les hace difícil ver más allá de su ojo crítico. Paradójicamente, tienen una tolerancia cero ante las críticas hacia su persona. Ante el más mínimo atisbo de juicio saltan a la yugular, con el objetivo de proteger su frágil imagen personal y la forma en que los demás les ven.

3. Sentir que nada es suficiente.
Encontrar la perfección es imposible, de ahí que quienes se pasan la vida buscándola sientan que algo les falta y que hagan lo que hagan, no consiguen exactamente lo que desean. Siempre tienen una lista de cosas pendientes que marca su agenda. Saben que esta búsqueda de perfección resulta dañina, pero creen que el sacrificio les acerca a su objetivo. Están dispuestos a hacer tremendos esfuerzos para evitar ser mediocres o del montón, incluso si para ello tienen que regirse por normas y límites que a los ojos de cualquiera serían estresantes y demasiado estrictos.

4. Intolerancia al error.
Los perfeccionistas suelen castigarse duramente por cometer cualquier pequeño error. Se llegan a obsesionar con los errores, pues los consideran un gran fracaso personal. De ahí que los eviten a toda costa, a pesar del coste que su entrega en este sentido les puede ocasionar.


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