1. Cada persona tiene un tipo diferente de cabello, por eso es muy importante escoger bien la línea que mejor se adapta a nuestro tipo de pelo: grado, seco, débil, puntas abiertas, encrespado, con caspa, sensible, etc.

2. Encuentra cuál es la frecuencia de lavado que te va mejor. No se recomienda lavar el cabello todos los días porque puede provocar efecto rebote: raíces grasas y puntas dañadas. Día sí día no es una buena rutina para probar. Hay pelos que aguantan limpios más días. Para casos puntuales, puedes probar el champú en seco.

3. No apliques demasiado champú. Una cantidad del tamaño de una nuez es la correcta. Para hacer espuma, echa un poco de agua.

4. El agua debe estar tibia. Si está fría, no disuelve la grasa; y si está demasiado caliente, estropea el pelo.

5. Enjuaga muy bien el jabón y acondicionador. Si te quedan restos, el pelo no brillará.

6. Si lo secas o lo planchas asiduamente, dale de vez en cuando un descanso y déjalo secar al aire libre.

7. En tu despensa encontrarás ingredientes fantásticos para hacer mascarillas hidratantes: aguacate, plátano, miel o aceite de almendras dulces. Si lo prefieres más fácil, hay productos con los aceites esenciales de estos ingredientes: aceite de coco biológico, aceite de ricino, aceite de argán, aceite de aguacate o aceite de baobab.