Los frutos secos como las almendras, las castañas, los cacahuetes, las nueces, las avellanas y las semillas de girasol son todo un placer gastronómico. Estos alimentos son completísimos en variedad de sabores y texturas y aptos para elaborar todo tipo de comidas como ensaladas, salsas o aperitivos. Además, cuentan con un excelente valor nutricional para la salud.

Está comprobado que comer un par de raciones semanales de estos alimentos ayuda a reducir el riesgo de sufrir infartos de miocardio o cerebral y a mantener una buena salud cardiovascular. Además, el consumo frecuente de frutos secos está asociado a un menor riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2 y a una lucha más efectiva contra el colesterol.

Los frutos secos nos aportan nutrientes muy beneficiosos: vitamina E, con un importante efecto antioxidante; vitamina B, imprescindible para el buen funcionamiento del organismo; hidratos de carbono, muy recomendados para esfuerzos y actividad física; magnesio, que controla la flora intestinal y ayuda a reducir el riesgo a sufrir complicaciones cardiovasculares; y fósforo, muy eficaz a la hora de estudiar y concentrarse.