Una de las primeras señales que marcan el comienzo de la primavera es la aparición de espárragos frescos en los mercados tradicionales y en las tiendas. Llenos de nutrientes, los espárragos son una gran fuente de fibra, ácido fólico, vitaminas A, C, E y K, así como cromo, un oligoelemento que aumenta la capacidad de la insulina para transportar la glucosa del torrente sanguíneo de las células.

Junto con el aguacate, la col rizada y las coles de Bruselas, el espárrago es una fuente particularmente rica en glutatión, un compuesto desintoxicante que ayuda a descomponer los agentes cancerígenos y otros compuestos dañinos. Es por eso que comer espárragos puede ayudar a proteger y combatir ciertos tipos de cáncer como el de huesos, el de mama, el de colon, el de laringe y el de pulmón.

Además, los espárragos trigueros están llenos de antioxidantes, por lo que tienen propiedades que retrasan el envejecimiento del cerebro y otros órganos. Al igual que algunas verduras, los espárragos proporcionan ácido fólico, el cual trabaja con la vitamina B12 que se encuentra en el pescado, las aves de corral, la carne y los productos lácteos, para ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.