Como muchas de las cosas buenas, los higos se hacen esperar y no llegan hasta los últimos días del verano, después de haber madurado al sol durante los meses de julio y agosto. Excepcionalmente dulces, son deliciosos y frescos recién cogidos, y también excelentes para hacer mermeladas y todo tipo de postres. Además, si se los deshidrata pueden comerse secos a lo largo de todo el año.

En algunos tipos de higueras, los frutos que no llegan a madurar a primeros de otoño sobreviven en el árbol al invierno y maduran a principios del verano siguiente. Estos higos de mayor tamaño son conocidos como brevas. Los higos propiamente dichos son de menor tamaño y más dulces y llegan a nuestras mesas a finales del estío. Es entonces cuando las copas de las higueras se llenan de frutos.

Con un alto contenido en fibra, la ingesta de higos mejora el tránsito intestinal y pueden ser utilizados como laxante. Además, proporcionan diversos nutrientes, especialmente ácidos orgánicos, sales (potasio, magnesio y calcio) y vitaminas A, B1, B2, B3 y C.

Los higos son conocidos también por sus propiedades favorables para el sistema respiratorio pues facilitan la expectoración. A pesar de su dulce sabor, no son excesivamente calóricos ?unas 80 calorías por cien gramos- y pueden ser recomendables en las dietas de adelgazamiento gracias a su poder saciante.