Entre las muchas actividades que podemos realizar para evitar caer en esos bucles de pensamientos inquietantes que magnifican las preocupaciones, el ejercicio físico es, sin duda, una de las mejores opciones. Por ello, no es de extrañar que sean muchos los que salen a correr después de una agotadora jornada de trabajo cargada de preocupaciones para despejar la mente o que deciden ir al gimnasio o a la piscina antes de tomar una decisión.

Y es que el deporte no sólo nos ayuda a reducir el estrés y a calmar la ansiedad, sino que también mejora nuestro estado de ánimo. Algo para lo que existe una explicación científica: varios estudios han demostrado que el ejercicio físico aumenta la secreción de serotonina y endorfinas, sustancias químicas que elevan el estado de ánimo. Esto explicaría por qué muchas veces, tras hacer ejercicio, tenemos una visión más positiva sobre nuestras preocupaciones y somos más capaces de encontrar soluciones.

El ejercicio en grupo resulta especialmente recomendable, pues el hecho de socializar nos ayuda a salir de nosotros mismos y a tomar perspectiva sobre nuestras preocupaciones. Además, contribuye a potenciar las capacidades cognitivas, mejorando la función cardíaca y la conexión entre neuronas, que mejoran el desempeño mental. Y si no eres fanático del deporte no es un problema. Dar un paseo a buen paso o hacer una limpieza a fondo de la casa también es hacer ejercicio.